Flick llegaba a Montilivi deconstruido por Simeone, consciente de que puede sin demasiado problema contra los equipos menores, pero que cuando tienen frente a un rival que sabe correr y tiene delanteros eficaces, se ve desnudo ante el espejo. El Girona pertenece al primer grupo, es decir, al de los equipos menores, y en principio el partido no iba a tener más historia, sobre todo habiendo quedado Balde en la suplencia. Los de Míchel presionaba arriba, y salían bien; Lamine no tardó ni cinco minutos en comparecer con una bonita rosca y su mano derecha protegida por una venda muy gruesa que al parecer nada tiene que ver con el dolor y más bien responde a cuestiones supersticiosas o estéticas...
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