Cómo Portugal ha parado los pies a la extrema derecha
La victoria aplastante del socialista António José Seguro en las elecciones presidenciales frente al líder de Chega, André Ventura, es resultado de la unión de un amplio campo democrático que va desde los comunistas hasta los liberales
El socialista António José Seguro arrasa al ultra André Ventura en las presidenciales de Portugal
Todavía hay cuentos de hadas políticos. El triunfo de este domingo del socialista António José Seguro es la mayor victoria de un presidente de la República en Portugal en número absoluto de votos. Un éxito que representó la unión de un amplio campo político —que va desde los comunistas hasta los liberales— en torno a un candidato que se enfrentaba al líder de la extrema derecha y a la amenaza más clara para la democracia que los portugueses han construido desde 1974.
El ganador de la segunda vuelta electoral había estado alejado del foco mediático durante la última década. António Costa dijo que el Partido Socialista (PS) de Seguro había ganado por “muy poco” las elecciones europeas de 2014 —solo obtuvo 123.000 votos más que la coalición de derecha que había aplicado la austeridad— y decidió dar un paso adelante para destituirlo de la dirección. En unas elecciones primarias sin precedentes, abiertas a todos los militantes y simpatizantes, Seguro fue destituido tras obtener el 31% de los votos, se dedicó a dar clases en la universidad y rehabilitó casas para convertirlas en alojamientos turísticos en su localidad natal, Penamacor, en la frontera con Extremadura. No tuvo la oportunidad de presentarse a las elecciones legislativas como cabeza de lista del PS y, “para no dividir”, estuvo 11 años fuera del espacio mediático, no concedió entrevistas ni asumió un puesto de tertuliano en la televisión, algo muy tradicional en la política portuguesa para los antiguos líderes de los partidos.
Este alejamiento de la política activa le permitió acumular un importante capital político: no se dejó debilitar por los años de desgaste acumulado que sufrieron Costa y quienes formaban parte de sus gobiernos. Al no estar presente, Seguro se volvió completamente inmune a todos los casos que dañaron la imagen de los socialistas. Y así se convirtió en transversal.
Cuando se presentó a estas elecciones, una primera encuesta le dio un 6%. Ahora, ha ganado las presidenciales con un 67% de los votos. Es un ascenso que, hasta hace unas semanas, nadie podía prever. Durante los últimos 20 años, ningún candidato de izquierda había conseguido ganar unas elecciones presidenciales y, en un país que nunca había estado tan a la derecha, ha sido una victoria que muestra que los votantes siguen apostando por el equilibrio de poderes entre los dos principales partidos de la historia democrática del país. Seguro ha logrado este triunfo apelando “a todos los demócratas y a todos los humanistas” contra un adversario al que calificó de “peligro para la democracia”, mostrándose como una voz de compromiso, estabilidad y moderación.
Seguro comenzó esta carrera solo, con el apoyo de unos pocos amigos y alcaldes socialistas, pero terminó rodeado de personas de todo el espectro político, desde la izquierda hasta la derecha. Frente a una política acelerada y de extremos, ha ganado el candidato que puso el diálogo en el centro. A pesar de no haber sido la primera opción del Partido Socialista, el aspirante dio alegría y esperanza a la izquierda, demostrando que las elecciones se ganan hablando a la gente y mostrando que pueden confiar en los políticos.
El premio de consolación
La extrema derecha consigue un premio de consolación: obtiene un mayor porcentaje de votos que los que obtuvieron los partidos del gobierno (una coalición de dos partidos de derecha) en las últimas elecciones legislativas. Ventura también consigue 300.000 votos más que el resultado de su partido en esos comicios y en total cosecha un 33% de los apoyos. En su discurso de la noche, el líder ultra hizo lo que ya se esperaba: se autoproclamó “líder de la derecha” y afirmó que está cada vez más cerca de gobernar Portugal.
Ventura nunca quiso ser presidente de la República. En Portugal, esta figura política no tiene capacidad de gobierno, sino que actúa únicamente como representante del país y árbitro del régimen. El líder de Chega solo quería el tiempo de antena que le daba una candidatura. Al final, gracias a él y a la división que creó en la derecha, el país va a tener un presidente de izquierdas.
De los dos millones de votos en disputa procedentes de candidatos que no pasaron a la segunda vuelta, el ultra solo consiguió 400.000
El objetivo de Ventura es el mismo de siempre: no salir nunca de la agenda mediática. La prueba de que está funcionando es que, en las encuestas de opinión, más personas saben quién es el líder del partido de extrema derecha que quién es el primer ministro.
El resultado de este domingo es también un claro indicador del índice de rechazo de la extrema derecha. Dos de cada tres votantes no votaron a un populista. Es una extraña paradoja a la que se enfrenta el líder de Chega: si, para mantener a un tercio de los portugueses fieles a su partido, tiene que seguir gritando contra las personas migrantes y gitanas o contra las subvenciones, por otro lado, hay dos tercios de los portugueses que rechazan firmemente esta forma de hacer política. Ventura quizá no tenga más margen de crecimiento si no cambia de enfoque.
De los dos millones de votos en disputa procedentes de candidatos que no pasaron a la segunda vuelta, el ultra solo consiguió 400.000.
Desacelerar el ciclo político
Seguro ha demostrado estar por encima de los partidos. Frente a un candidato que dijo que “no quería ser el presidente de todos”, afirmó querer tratar a todos por igual, con una “cultura de compromiso con las soluciones”.
Dirigiéndose a Ventura, Seguro afirmó: “Como presidente de la República, a partir de esta noche dejamos de ser adversarios”. Alejando las crisis políticas, Seguro habla de un ciclo de tres años sin elecciones y garantiza “no ser oposición [al Gobierno], sino exigencia”. Esto fue música para los oídos del primer ministro conservador, Luís Montenegro, y también da margen al Partido Socialista para reorganizarse y prepararse con tiempo para las próximas elecciones.
En contraste con el actual presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, el objetivo de António José Seguro es desacelerar el vertiginoso ciclo político que ha dado lugar a sucesivas convocatorias electorales que han llevado al auge de la extrema derecha.
Las cifras de la victoria aún no son definitivas, ya que 37.000 votantes solo podrán votar el próximo domingo. Se trata de electores de localidades afectadas por el mal tiempo, como Alcácer do Sal, Arruda dos Vinhos y Golegã, donde, durante la jornada electoral, la atención se centró en la recuperación de las casas destruidas y las vías de acceso. Pero el regreso de António José Seguro es la mayor victoria de la moderación frente al populismo extremista, y ya nadie le puede quitar eso al candidato socialista.
