“Aquí la justicia se compra”: las duras críticas del padre Rogelio a 10 meses del Jet Set
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Santo Domingo.- Desde tempranas horas de la mañana, el entorno de la discoteca Jet Set volvió a convertirse en un espacio de recogimiento y protesta.
Velas encendidas, flores, fotografías y largos silencios acompañaron a quienes regresaron al lugar donde una noche de diversión se transformó en tragedia. El ambiente fue de duelo, pero también de firme determinación.
El padre Rogelio Cruz aseguró que el reclamo no se detendrá y advirtió que el país enfrenta una prueba moral e institucional ante una de las tragedias más grandes de su historia reciente.
“Desde el primer día dijimos que cada día 8 íbamos a estar aquí con una sola dirección: clamando justicia”, afirmó.
10 meses y un dolo que no sede
Este domingo 8 de febrero se cumplen diez meses del colapso del techo de la discoteca Jet Set, una tragedia que marcó para siempre a la República Dominicana y que dejó un saldo devastador de 236 personas fallecidas y más de 180 heridas.
A casi un año del suceso, el proceso judicial continúa envuelto en retrasos y controversias, especialmente en torno al peritaje técnico de la edificación, pieza clave para determinar responsabilidades penales y civiles.
Un lugar marcado por la memoria y el reclamo
“El clamor de hoy es el mismo del primer día”, sostuvo el padre Rogelio Cruz.
“Pero esta justicia que estamos pidiendo tiene que tener dos elementos esenciales: que sea sal y que sea luz”.
“Una justicia que dé sabor y que ilumine”
Durante su intervención, el sacerdote explicó el simbolismo de sus palabras.
“La justicia como sal es la que le da sentido, sabor y dignidad a esta tragedia; no una justicia que se baraja y se vuelve a barajar sin respuestas”, expresó.
El segundo elemento, añadió, debe ser la luz.
“Una luz que ilumine a las autoridades y a todos aquellos que tienen que aplicar justicia, para que las familias no tengan que andar mendigándola como hasta ahora”, subrayó.
Críticas al manejo judicial del caso
El padre Rogelio cuestionó con dureza el desarrollo del proceso judicial, denunciando prácticas que a su juicio constituyen una negación del derecho a la justicia.
“¿Cómo se explica que el Palacio de Justicia, que es el lugar de todos y todas, haya sido prácticamente privatizado en la primera audiencia?”, preguntó.
“¿Eso no es una burla? ¿Eso no es una negación de justicia?”.
También rechazó versiones que apuntan a que el caso estaría “prácticamente resuelto”. “No es verdad que tengan un 70 % del proceso solucionado. La magnitud de este hecho no permite atajos ni arreglos”, afirmó.
“Aquí la justicia se compra”
En uno de los momentos más contundentes de su discurso, el sacerdote denunció lo que considera una práctica estructural del sistema judicial dominicano.
“En este país, la justicia se compra y se paga”, sostuvo. “Quien tiene dinero en abundancia puede comprar jueces, silenciar voces y amarrar procesos desde el principio. Eso todo el mundo lo sabe”.
Advirtió que existe el riesgo de minimizar una tragedia “sin precedentes en la historia de la República Dominicana” y convertirla en un expediente más.
“Este caso no resiste lo que el pueblo llama un chanchullo jurídico”.
La voz de una sobreviviente
El acto también estuvo marcado por el testimonio de Ana María Ramírez, sobreviviente del colapso, quien habló en nombre de quienes lograron salir con vida y de quienes murieron aquella noche.
“No pensaba hablar hoy, he hablado mucho, pero agradezco a cada uno de los que está aquí”, dijo visiblemente emocionada.
“Nos hemos constituido como una familia que busca lo mismo: que los que fallecieron aquí no hayan muerto en vano”.
Ana María advirtió que la impunidad abre la puerta a nuevas tragedias. “Cuando las cosas se quedan en nada, es fácil que vuelvan a suceder. La gente piensa que no hay consecuencias, que no pasa nada, porque los dueños tienen dinero y compromisos”, afirmó.
Del dolor a la organización
La sobreviviente reconoció que el duelo inicial les impidió reaccionar con fuerza. “Si ellos llevaban la ventaja era porque el dolor y las lágrimas no nos dejaban mirar hacia adelante”, expresó.
“Hoy tenemos que secarnos las lágrimas y seguir”.
Hizo un llamado público a todos los familiares y sobrevivientes a unirse. “La unión hace la fuerza. Nadie puede quedarse solo en esto”.
Un grito contra la indiferencia
Ana María también citó un mensaje recibido esa misma mañana de Melba Segura de Grullón, madre de Alexandra, una de las víctimas fatales, quien alertaba sobre la indiferencia social.
“No pueden ser indiferentes. Nadie puede ser indiferente”, dijo. “Le hago un llamado para que se una a nosotros y nos abracemos como una sola familia que quiere justicia”.
El dolor que no cede: el testimonio de un hermano
Entre las voces que marcaron la jornada estuvo la de Rafael Santana, quien perdió a su hermano y a su cuñada en la tragedia del Jet Set, dejando a dos niños huérfanos, uno de 10 años y una niña de 8.
Visiblemente afectado, Santana describió un duelo que no ha disminuido con el paso del tiempo.
“Hace diez meses que me siento devastado. No he podido dormir, no he podido comer. Y todavía me cuesta ir a la casa donde ellos vivían, donde dejaron a dos niños que preguntan todos los días por su padre y su madre”, expresó.
El familiar relató que los menores continúan ocupando los espacios que compartían con sus padres, sin comprender del todo una ausencia definitiva.
“Ellos dormían ahí, hacían todo con sus padres. Son dos niños pequeños que todavía esperan respuestas”, dijo, con la voz quebrada.
Santana manifestó además una profunda desconfianza en el sistema judicial dominicano, una percepción que, aseguró, no ha cambiado a pesar de los gestos de solidaridad institucional tras la tragedia.
“Nunca he creído en la justicia de la República Dominicana, y hoy, diez meses después, sigo sin creer”, afirmó.
Recordó que el mismo 8 de abril recibió el abrazo del presidente Luis Abinader, junto a otros familiares de víctimas.
“Ese día nos dijeron que el país y el Gobierno estaban con nosotros. Pero la realidad es que no ha sido así, ni va a ser así, ni nunca va a ser así si no hay justicia”, sostuvo.
En un momento cargado de simbolismo, Rafael Santana se arrodilló frente al lugar de la tragedia para rendir homenaje a sus seres queridos.
“Hoy me hincaré aquí, delante del Jet Set, en memoria de Pedro Etebe y de Sudairy, dos ejemplos de vida”, dijo.
Aseguró que su reclamo no es solo personal, sino colectivo.
“Así como quiero justicia para ellos dos, también la quiero para todos los que perdieron la vida aquí”, agregó.
El testimonio se tornó aún más íntimo cuando habló directamente de su hermano, a quien describió como un hombre íntegro y profundamente comprometido con su familia.
“Era un hombre bueno, noble, buen hijo, buen padre, un excelente ingeniero. Yo lo adoraba con mi alma. Nunca pensé perderlo de esta manera”, expresó.
Mencionó a los hijos de su hermano, quienes según dijo continúan preguntando por él.
“Sus hijos preguntan por su padre todos los días. Eso no se supera”, afirmó.
Rafael Santana cerró su intervención apelando a la fe como único sostén ante la falta de respuestas judiciales.
“Solo Dios nos ha dado fuerzas. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Es lo único que nos mantiene de pie”.
Diez meses después
A diez meses del colapso, el Jet Set sigue siendo una herida abierta. Las flores se marchitan, pero el reclamo permanece intacto.
Las familias no piden privilegios, insisten, sino verdad, responsabilidades claras y garantías de que una tragedia como esta no vuelva a repetirse.
Cada día 8 regresan. No solo para llorar, sino para recordar que el dolor sigue ahí y que la justicia, todavía, sigue pendiente.
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