Martina Yopo advierte “infertilidad estructural” ante caída histórica de la natalidad en Chile
Chile atraviesa una transformación demográfica sin precedentes. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el país alcanzó en 2025 la tasa global de fecundidad más baja desde que existen registros y, de mantenerse la tendencia, el indicador podría descender hasta 0,89 en 2028, posicionando a Chile entre los países con menor natalidad del mundo.
En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, la doctora en Sociología y académica de la Pontificia Universidad Católica, Martina Yopo, sostuvo que el fenómeno responde a un proceso “muy acelerado” y de carácter multicausal, que va más allá de decisiones individuales.
“En Chile pasamos en muy poco tiempo de tener una fecundidad temprana y numerosa, a encontrarnos con una de las tasas más bajas del mundo”, explicó la investigadora. Si bien se trata de una tendencia global, Yopo subrayó que el caso chileno tiene particularidades propias.
La socióloga y académica de la Universidad Católica, Martina Yopo.
Entre los factores que inciden en esta caída se encuentran importantes cambios culturales vinculados a la flexibilización de las normas de género y familia, así como la valorización de la autonomía, la independencia y la individualidad en las generaciones más jóvenes. No obstante, la académica enfatizó que el problema central radica en lo que denomina una “infertilidad estructural”.
“Hoy existen condiciones sociales adversas para tener y criar hijos: altos costos de vida, falta de seguridad social, pobreza de tiempo, profundas desigualdades de género y modelos de parentalidad cada vez más demandantes”, señaló. A ello se suma, según Yopo, la trayectoria sociopolítica del país desde los años 90, marcada por una rápida movilidad social y la consolidación de amplios sectores en la clase media.
“Para consolidarse económicamente y asegurar mejores oportunidades para los hijos, muchas personas internalizaron la idea de tener menos hijos y tenerlos más tarde”, explicó.
Envejecimiento poblacional y riesgos económicos
La experta advirtió que la baja fecundidad tiene efectos directos sobre el envejecimiento y el decrecimiento de la población. Proyecciones del INE indican que hacia 2070, cinco de cada diez personas en Chile tendrán más de 60 años, lo que plantea riesgos relevantes para el sistema económico y el mercado laboral.
Sin embargo, Yopo matizó que enfrentar estos desafíos no pasa únicamente por aumentar los nacimientos. “Chile mantiene una de las tasas de participación laboral femenina más bajas de América Latina y de la OCDE. Fortalecer la inserción laboral de las mujeres en condiciones de igualdad es clave para sostener la población económicamente activa”, afirmó.
¿Quieren tener más hijos?
Otro aspecto crucial, según la socióloga, es comprender la llamada brecha de fecundidad, es decir, la diferencia entre la cantidad de hijos que las personas desean tener y los que efectivamente tienen. “Si existe esa brecha, ahí hay una oportunidad crítica para las políticas públicas”, indicó.
En ese sentido, sostuvo que el Estado debe generar condiciones sociales que hagan viable el proyecto de formar familia, al mismo tiempo que se prepara para una población cada vez más longeva. Para este año, la esperanza de vida en Chile se proyecta en 81,8 años.
“La combinación de muy baja natalidad y alta longevidad va a cambiar radicalmente la estructura poblacional”, advirtió Yopo, lo que obligará a adaptar sistemas clave como educación, salud y cuidados de largo plazo.
Debate político y autonomía reproductiva
En el escenario político existen propuestas como las del presidente electo José Antonio Kast. El Plan Renace propone un conjunto de medidas orientadas a apoyar a las familias y fortalecer la sostenibilidad demográfica del país. En primer lugar, la creación de una Asignación Universal por Hijo Nacido, una política pública universal y no discriminatoria que entrega $1 millón directamente a la madre al momento del nacimiento y $1 millón adicional depositado en una cuenta de ahorro a nombre del hijo. El beneficio se otorgaría mediante un trámite único y simple, sin exclusiones socioeconómicas, con un costo estimado de US$380 millones anuales.
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Complementariamente, se impulsará el análisis y la implementación progresiva de exenciones al impuesto a la renta para familias con hijos, considerando criterios como número de hijos y tramos de ingreso. Estas medidas buscan aliviar la carga económica de la crianza y reconocer que formar y cuidar familias no es un gasto, sino una inversión en cohesión social y futuro demográfico del país.
Yopo recordó las ideas del Gobierno entrante y advirtió que los bonos económicos por hijo, han demostrado tener efectos limitados y, en ciertos casos, consecuencias indeseadas. “Muchas veces pueden generar incentivos perversos para la reproducción, en tanto aumentan los embarazos, por ejemplo, adolescentes o de poblaciones más vulnerables” indicó.
En esa línea, igualmente enfatizó en que “cualquier política que busque fomentar la fecundidad debe respetar la autonomía reproductiva. No se puede empujar a las personas a tener hijos restringiendo derechos sexuales y reproductivos”.
El rol de los hombres
Finalmente, la académica llamó a ampliar el foco del debate incorporando el rol de los hombres. “La fecundidad siempre se analiza desde las mujeres, pero los hombres también son actores clave”, señaló, destacando el aumento de más de un 88,7% en las vasectomías en la última década, incluso entre hombres sin hijos.
“Entender los comportamientos reproductivos masculinos es fundamental para comprender la magnitud y complejidad de la baja fecundidad en Chile”, concluyó.
