La cumbre de los mil curas se juega en Madrid
No hay registros históricos ni en Madrid ni en ninguna otra diócesis española de una «cumbre» de curas que se reúnan para hablar del presente y del sacerdocio. En total, este lunes y martes se reunirán cerca de 1.100 presbíteros de la Archidiócesis capitaneada por el cardenal José Cobo en Convivium, una asamblea que se celebrará en las instalaciones de la Fundación Pablo VI. Según los organizadores, la convocatoria ha sobrepasado con creces las expectativas previstas y hablaría de un respaldo a la propuesta lanzada por el purpurado, que se enmarca dentro de la propuesta del fallecido Papa Francisco de dar más voz a quienes configuran la Iglesia a través la dinámica de la sinodalidad.
Dentro de la fase preparatoria para este macroencuentro, este enero se celebraron seis preasambleas por grupos de edad con el cardenal Cobo para aterrizar estas preocupaciones. Reflejo de esta implicación intergeneracional en este particular «cónclave» son los tres sacerdotes que están al frente de la parroquia del Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana. Allí sirve Ignacio Ozores Puig, que con 26 años es el sacerdote más joven que participará en Convivium, que trabaja codo con codo con su párroco, Ignacio Loriga, que ha cumplido los 26 años de sacerdocio, y José Ignacio Pacheco, de 85 años.
«Necesitamos sacerdotes alegres, que se pueda reconocer la alegría de una vida entregada y consagrada a Jesús, completamente expropiada para poder ser entregada a los demás, para poder ser esa cercanía, ese consuelo, ese abrazo y esa sonrisa que nosotros podemos experimentar y tantas veces hemos encontrado en otros sacerdotes», apunta sobre los desafíos que tienen por delante en una sociedad que parece ignorar a Dios y a la Iglesia.
«Francisco planteaba su gran inquietud de una Iglesia que tuviera las puertas abiertas, que exige abrir antes las puertas del corazón. Y fundamentalmente creo que la oportunidad de Convivium es abrirnos a la realidad de la Iglesia, a la realidad de Madrid para ver realmente qué se necesita». En esta misma línea, subraya cómo sueña con «poder reconocer que realmente en la Iglesia caben todos, porque en el corazón de Cristo, en el corazón sacerdotal de Cristo, también caben todos».
«Muchas veces damos por hecho la entrega y fidelidad de los sacerdotes, tantísimas vidas entregadas en el silencio de lo cotidiano, tantísimas vidas cerca de los niños, cerca de los matrimonios, cerca de los jóvenes, cerca de los abuelos, cerca de los enfermos, cerca de los que están solos y que muchas veces no se valora», reivindica este cura, que apenas lleva un año y nueve meses ordenado. En ese sentido no duda en poner en valor «la fortaleza y aliento» de sus compañeros, especialmente del más veterano, que estuvo 20 años de misionero en Panamá.
«Todos los días viene, ya llueva, ya nieve, ya haga sol. Él está todas las mañanas en su despacho, confesando a la gente, atendiendo al que viene necesitado de lo que sea, preguntándonos qué necesitamos», elogia sobre su disponibilidad, amén del «cariño a la hora de rezar y celebrar la misa». Sobre su párroco no se queda atrás, subrayando su capacidad para crear comunidad «en torno al altar de una manera cuidada y delicada».
Aunque reconoce que las nuevas generaciones afrontan el sacerdocio de «una forma distinta a la mía», no es óbice para que el cura veterano de la parroquia reconozca que es posible también vivir hoy «plenamente la vocación donde Dios te va poniendo, siempre unido a la gracia, amando a la Iglesia y a tus hermanos sacerdotes». En esta misma línea, José Ignacio Pacheco remarca que los que toman el relevo deben «ser testimonio en el momento histórico en el que nos ha tocado vivir». Sobre los desafíos que se presentan por delante a los curas, este misionero experimentado señala que «debemos sentirnos todos hermanos, sin distinción de razas y culturas, con una Iglesia abierta a todos los seres humanos y ser siempre luz que transmita la paz y la alegría a todos los corazones».
El corazón del ser humano
Con el anhelo de ser «otro Cristo», el párroco de La Araucana plantea la necesidad de que los curas sean «acogedores en un mundo que necesita ternura», lo que requiere «una capacidad de escucha grande». En cualquier caso, deja caer que «el corazón del ser humano sigue siendo el mismo, con las mismas necesidades también de hace 200 años». Para ser estos curas cercanos, considera que no hay más secretos que ser «hombres de oración, profunda, intensa, hombres de eucaristía».
Sobre la asamblea en la que participará este lunes, destaca la importancia de trabajar a una: «Somos muy diferentes unos de otros y, sin embargo, en un mundo dividido es necesario mostrar que la comunión es posible más allá de las diferencias personales que podamos tener entre nosotros». Con una apostilla: «Ninguno es imprescindible, todos somos necesarios».
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En cualquier caso, admite que los sacerdotes «somos unos privilegiados por poder vivir esta vida apasionante que tenemos, no dejemos de dar gracias a Dios cada día porque nos ha regalado el poder compartir la vida de la gente desde lo más cotidiano hasta los momentos cumbre de la vida, cuando un niño nace y podemos disfrutar de un bautizo, acompañarlos en el amor del matrimonio, pero en el dolor también de la muerte», expone el párroco, al que todos conocen como Nacho. A juicio de este sacerdote, esa aventura apasionante exige hombres «apasionados».
