El monasterio vasco que aparece en la película que arrasa en los Goya y ganó la Concha de Oro
El monasterio que se convirtió en plató
En el corazón de Vizcaya, el convento de Santa Clara de Gernika ha sido uno de los escenarios principales de Los Domingos, película dirigida por Alauda Ruiz de Azúa y reciente ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Este enclave religioso, que durante más de seis siglos fue hogar de la orden de las clarisas, ha vivido una segunda vida como plató cinematográfico tras su desacralización definitiva.
El edificio fue adquirido por el Gobierno Vasco tras el declive demográfico de la comunidad religiosa, que hizo inviable mantener la vida de clausura. Hoy, sus muros y patios aparecen en la gran pantalla como el convento donde Ainara, la joven protagonista, busca respuestas a su vocación.
Un escenario con fuerza narrativa
La decisión de grabar en localizaciones reales aporta una autenticidad que refuerza el tono intimista de la cinta. Según declaró la propia directora en una entrevista con Cadena SER, “el cine puede generar espacios de reflexión y de debate”, algo que Los Domingos logra gracias a la carga simbólica de sus escenarios.
El convento de Gernika no solo aporta valor estético, sino también histórico y emocional. Su arquitectura sobria y su atmósfera silenciosa se alinean perfectamente con la introspección de los personajes. No se trata de una recreación, sino de una representación directa de un lugar que, durante siglos, fue testigo de votos, rituales y silencios profundos.
Más allá del convento: Vizcaya como telón de fondo
La película ha sido rodada íntegramente en Vizcaya. Además del convento, la parroquia del Santísimo Redentor de Algorta también desempeña un papel clave. Este templo moderno, de líneas rectas y materiales contemporáneos, pertenece a la Orden de los Trinitarios y fue elegido por sus amplias posibilidades técnicas. Su estética contrasta con la del convento, reflejando el conflicto interior de Ainara entre dos formas de entender la fe.
Gernika y Getxo: cotidianeidad y emoción
Las escenas urbanas recorren calles de Gernika y Getxo, mostrando desde pequeños núcleos urbanos hasta carreteras secundarias rodeadas de un paisaje típicamente vasco. El entorno no solo ambienta, sino que participa activamente en la narrativa, haciendo que el espectador se sumerja en la vida cotidiana de una familia vasca actual.
La directora ha sabido captar con precisión la dualidad de la sociedad vizcaína: profundamente arraigada en sus tradiciones, pero también abierta a las nuevas formas de pensamiento. Este equilibrio se traduce en una puesta en escena sincera, sin artificios ni dramatizaciones exageradas.
El papel simbólico de los espacios religiosos
Los Domingos explora la fe desde una óptica humana, sin clichés ni dogmatismos. En este sentido, los espacios religiosos no son meros escenarios, sino metáforas visuales del tránsito emocional de sus personajes. El contraste entre la parroquia moderna y el convento histórico sirve como recurso narrativo para reflejar los dilemas de la protagonista.
La naturalidad con la que se integran estas localizaciones refuerza el realismo de la historia y ayuda al espectador a conectar con los personajes, especialmente con Ainara, cuya decisión de ingresar en un convento es el motor de todo el relato.
Una película que interpela
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, Los Domingos propone interrogantes: ¿cómo se vive la vocación hoy?, ¿qué papel juega la fe en la vida moderna?, ¿es posible una espiritualidad fuera de las estructuras tradicionales? Estas preguntas resuenan gracias a una narrativa cuidadosa, pero también gracias a la veracidad de sus escenarios.
Así, el convento de Santa Clara en Gernika no es solo un lugar físico. Es un símbolo del paso del tiempo, del cambio social, y del espacio íntimo donde se forjan las grandes decisiones vitales.
Una ruta cinéfila por el País Vasco
Para los amantes del cine y la arquitectura, la ruta de Los Domingos se convierte en una invitación a descubrir el País Vasco desde otra perspectiva. Más allá de la pantalla, el espectador puede caminar por los mismos lugares que pisaron los personajes, y reflexionar, como ellos, en escenarios cargados de sentido.
En definitiva, la fuerza de esta película no solo reside en su guion o en sus interpretaciones, sino en su capacidad para transformar espacios reales en vehículos de emoción, conflicto y reflexión.
Más información sobre patrimonio y gestión de edificios históricos en la web del Gobierno Vasco.
