El Alcoraz vuelve a celebrar
Volvió a cantar victoria El Alcoraz, recuperando las mejores sensaciones. La SD Huesca sumó sus primeros tres puntos del año en casa, con un 1-0 sobre el Cádiz que supone más que el valor del casillero, ya que corta una racha negativa, y aupa al equipo fuera de los puestos de descenso. Jordi Escobar fue el autor del único gol que subió al marcador, festejando a lo gande su debut ante su nueva afición.
Un mano a mano perfectamente definido por Carrillo parecía alfombrar una tarde plácida para los azulgranas, adelantando a su equipo cuando los más rezagados todavía ocupaban su asiento en El Alcoraz. Pero la revisión del VAR determinó que el central partía en fuera de juego, y truncó el posible 1-0 en el minuto cinco. Pero lejos de ser un golpe anímico, se repuso rápido el conjunto de Jon Pérez Bolo, y Jordi Escobar anotaba su primer gol como azulgrana, para, ahora sí, adelantar a la SD Huesca.
Con el viento a favor para los intereses azulgranas, lograban estos secar los intentos de reacción del conjunto cadista, con recuperaciones rápidas, que evitaban cualquier transición. De hecho, era Jordi Escobar el que estaba a punto de hacer el segundo, en el 23, en un doble remate. Primero era Dani Ojeda, al que le sacaba el defensa en la línea, y después el delantero, que no lograba conectar bien el remate.
Se llegó así al final de la primera parte con una ventaja escasa ante las buenas sensaciones que había dejado el equipo.
Por ello, aumentar el marcador se convirtió en la prioridad tras la reanudación, con un Cádiz dispuesto a dar el inevitable paso adelante que le obligaba el resultado. Pero supieron aguantar los arreones de los visitantes, que no encontraron los tres palos.
Un cabezazo de Puli en el 63 se estrelló con el poste y sirvió para cortar los mejores minutos del Cádiz. Movió el banquillo Jon Pérez Bolo, dando entrada primero a Enrich y Luna, y después a Jordi Martín y Seoane, en sus primeros minutos tras su regreso a El Alcoraz.
Un remate de Sergi Enrich y un disparo de Julio Alonso confirmaron que los azulgranas estaban cómodos, y aunque no se convirtieron en goles, que hubieran dado la total tranquilidad al equipo, fue el pitido final, en el 100 de juego el que permitió al estadio volver a bailar al son de su equipo.
