Sólo un escandaloso error de todo el conglomerado arbitral impidió que la revitalizada Real Sociedad de
Pellegrino Matarazzo volara definitivamente hacia Europa. Le cortaron las alas. Un error más que vuelve a poner sobre la mesa ya no sólo el poco respeto a la Real, más aún jugando en San Mamés, sino el lamentable nivel general del arbitraje en España y peor aún, el absoluto desastre generalizado de protocolos, normas, interpretaciones, jerarquías y decisiones que están convirtiendo el fútbol en algo incomprensible entre 22 jugadores que pelean por llevarse la victoria y terminan teniendo que aceptar lo que un protagonista secundario decida, influyendo en el marcador. El VAR volvió a confirmarse como fracaso, no como invento per se, sino como herramienta inútil en manos de quien no sabe usarla. Iba a terminar con las trampas y sólo alimenta la polémica y además premia a los tramposos. Como lo fue
Aitor Paredes, engañando a
Guillermo Cuadra o a quien viera una agresión que no existió, porque el principal árbitro estaba de espaldas a la acción pero sacó la roja rápido. Un árbitro que se ha cargado dos victorias vitales de la Real en pocas semanas con el penalti en Valencia de
Mariezkurrena y la roja ahora de
Brais. La Real, desde un autocrítico y enfadado
Matarazzo, dormirá muy cabreada. Pero lo bueno de la situación es que los txuri urdin siguen invictos en 2026 y que se sigue confirmando que están de vuelta. Dominó como hacía tiempo, sin necesidad de ser brillante además, un derbi en San Mamés y debió ganarlo. La rabia ahora, enfocada a la Copa. Esta Real volará.
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