Indignación vecinal: un desconocido compra por 1.000 euros un camino público y ahora amenaza con bloquear el paso a todo el pueblo
Los vecinos de Eldwick, un pequeño pueblo de Reino Unido, concretamente en West Yorkshire, Inglaterra, viven días de auténtica indignación tras descubrir que un camino público que atraviesa su urbanización ha sido vendido por apenas 1.000 euros a un comprador desconocido.
El sendero, utilizado a diario por familias, escolares y paseantes con perro, apareció de repente en un portal inmobiliario como una “magnífica oportunidad de inversión”, lo que desató el enfado generalizado.
El terreno, de menos de una hectárea y situado detrás de las viviendas de Nightingale Walk, llevaba años funcionando como un paso peatonal sin que nadie cuestionara su titularidad. La mayoría de los residentes asumía que pertenecía al ayuntamiento, pero la sorpresa llegó cuando vieron el anuncio: el camino se subastaba como si fuera un solar privado apto para “extensión de jardín o santuario de fauna”.
La venta se cerró esta semana y, según varios vecinos, el nuevo propietario ya habría insinuado que podría restringir el acceso, algo que ha encendido todas las alarmas. “Es ridículo. ¿Quién compra un camino público?”, protesta Richard Sellars, de 63 años. “El césped está lleno de maleza y excrementos de perro. No sirve para nada más que para caminar. ¿Qué pretende hacer con él?”
Otros residentes comparten la misma preocupación. Graham Frances, que vive allí desde 2001, asegura que siempre pensó que el sendero tenía un derecho de paso garantizado. “Si alguien lo compra, no puede hacer nada con él. Pero si intenta bloquearlo, tendremos un problema serio”, afirma.
Los vecinos aseguran que seguirán usando el camino aunque el nuevo dueño intente cerrarlo
La indignación se ha extendido rápidamente por el vecindario. Muchos temen que el nuevo dueño pueda exigir mantenimiento, instalar vallas o incluso reclamar responsabilidades por el uso del camino. “Es un sinsentido absoluto”, opina Gail Richmond, de 63 años. “No se puede construir nada ahí. Es demasiado estrecho. Y aunque amplíes tu jardín, la gente seguirá pasando.”
Otros vecinos señalan que el comprador tendrá que asumir tareas poco atractivas: cortar el césped, limpiar basura, mantener farolas y gestionar quejas constantes. “Quien lo haya comprado se ha metido en un lío”, comenta Paul Bryant. “Aquí pasan niños, perros, ciclistas… No puedes cerrar un paso que lleva décadas en uso.”
La situación ha generado tal revuelo que el grupo de Facebook del pueblo se ha llenado de mensajes de preocupación y teorías sobre el futuro del sendero. Algunos incluso aseguran que, aunque el nuevo propietario intente bloquearlo, no respetarán la decisión.
