Las becas universitarias cambian el mapa educativo del sur de España y plantean una pregunta incómoda
La reducción de la repetición de curso en primaria y Educación Secundaria Obligatoria ha alterado de forma sustancial los flujos educativos en España. Menos alumnos repiten y menos abandonan de forma prematura el sistema, un cambio que, a corto plazo, se traduce en un mayor acceso a la Formación Profesional y a la universidad.
En este contexto, la educación universitaria se ha situado en el centro del debate público. La infrafinanciación de las universidades públicas, el crecimiento sostenido de las privadas y la presión sobre las notas de corte en los campus más demandados han acaparado buena parte de la atención. Sin embargo, un factor clave ha quedado en segundo plano: el papel de las becas universitarias.
El presupuesto destinado a becas ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años. Antes de la pandemia, la inversión rondaba los 1.500 millones de euros. Hoy supera los 2.500 millones. Este aumento no solo refleja una mayor dotación económica, sino también un cambio en la escala del sistema de ayudas.
Un tercio del alumnado becado en el sur
Los datos más recientes muestran una clara brecha territorial. Según el informe elaborado por :contentReference[oaicite:1]{index=1}, los estudiantes con beca representan ya algo más de un tercio del total del alumnado universitario en el sur de España. En el resto del territorio, el porcentaje se sitúa en torno al 20 %.
Esta diferencia no es menor. Refleja tanto desigualdades socioeconómicas persistentes como un uso más intensivo de las becas como herramienta de acceso y permanencia en la universidad. A medida que perfiles que antes abandonaban el sistema educativo alcanzan la educación superior, la función de las ayudas públicas se vuelve más determinante.
Más becas, más eficiencia del gasto
La cuestión central no es solo cuántos estudiantes reciben beca, sino qué efectos tiene esa inversión. La formación universitaria implica un coste elevado para las arcas públicas. Reducir el abandono y aumentar la tasa de finalización de los grados tiene un impacto directo sobre la eficiencia del gasto educativo.
Para analizar este efecto, el estudio se apoya en microdatos administrativos del :contentReference[oaicite:2]{index=2}, que recoge información detallada de todos los alumnos del sistema universitario, incluyendo notas de acceso y trayectoria académica.
Menos abandono entre los estudiantes becados
Un análisis descriptivo inicial apunta a una relación positiva entre la recepción de beca y el rendimiento académico. Los estudiantes becados presentan una probabilidad de abandono del grado universitario diez puntos porcentuales inferior a la de quienes no reciben ayuda. En el caso del abandono total del sistema universitario, la diferencia se sitúa en ocho puntos.
Sin embargo, estos resultados requieren cautela. A lo largo de los estudios, muchos alumnos pierden la beca por no cumplir los requisitos académicos o abandonan directamente la universidad, lo que introduce un sesgo de selección en la comparación.
La nota de acceso marca la diferencia
Los datos muestran que la pérdida de la beca entre primero y segundo curso está estrechamente vinculada a la nota de acceso. Entre los estudiantes con menor calificación inicial, un 60 % pierde la beca tras el primer año. En el grupo con mejores notas, este porcentaje cae hasta el 25 %.
Este patrón sugiere que parte de las diferencias observadas entre alumnos becados y no becados se explican porque los estudiantes con peores resultados académicos salen antes del sistema de ayudas o abandonan la universidad, dejando un grupo de becados con mayor rendimiento medio.
El impacto real de las becas, bajo control estadístico
Para aislar el efecto real de las becas, los autores del informe introducen controles que permiten comparar estudiantes con características similares. Una vez ajustados estos factores, la diferencia en la probabilidad de abandono entre alumnos becados y no becados se reduce de forma significativa.
Aun así, persiste un efecto positivo relevante: recibir una beca incrementa la probabilidad de terminar el grado en el tiempo previsto. Este impacto no es homogéneo y varía en función del perfil académico del estudiante.
Un efecto más fuerte entre los alumnos con peor expediente
El análisis de heterogeneidad revela un dato clave. Entre los estudiantes con menor nota de acceso, recibir una beca aumenta en 25 puntos porcentuales la probabilidad de finalizar el grado a tiempo. En el extremo opuesto, entre los alumnos con mejores calificaciones iniciales, el efecto se reduce a 7,5 puntos.
Este resultado apunta a que las becas actúan como un verdadero factor de compensación académica para los estudiantes con trayectorias más frágiles, mientras que su impacto es menor entre quienes ya parten de una posición ventajosa.
Un reto pendiente para la política educativa
El diagnóstico que emerge es claro y plantea un desafío complejo. Las becas universitarias funcionan, pero lo hacen de forma desigual. Su mayor efecto se concentra en los estudiantes con peores credenciales académicas, precisamente aquellos que, en un sistema más restrictivo, habrían quedado fuera de la universidad.
España ha ampliado el acceso a la educación superior y ha incrementado de forma notable el presupuesto en becas. El siguiente paso pasa por revisar si el diseño de estas ayudas garantiza que el apoyo llegue en tiempo y forma a quienes más lo necesitan durante el periodo suficiente para que el efecto sea duradero.
