En la sala de prensa de la Ciudad Deportiva del Benfica, al sureste de Lisboa, cruzado ya el Puente 25 de Abril, esa mini fotocopia del Golden Gate de San Francisco, el aura de José Mourinho permanece intacto. A sus 63 años recién cumplidos, y ya en el ocaso de su carrera, sigue siendo un imán a nivel mediático. Allí le esperaban más de una veintena de enviados especiales desde Madrid, ávidos de ver uno de sus shows delante del micrófono. Y no defraudó, aunque también es verdad que con un perfil algo más bajo de lo habitual: «Este partido es difícil de prever. Hay un componente de imprevisibilidad que es complicado de gestionar. Hemos analizado al adversario, tenemos nuestro...
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