Praga era un congelador. Menos 8 grados centígrados marcaba el termómetro cuando el partido entraba en su tramo decisivo y el 2-2 seguía clavado en el marcador. Frío polar en el Eden Arena y sensaciones heladas también para el
Barça, al que cada minuto se le hacía un poco más cuesta arriba. Le entraban las prisas, tenían que ganar para depender de sí mismos y estar en el Top-8 y eso también pasaba por marcar los máximos tantos posibles. Aunque antes de golear, la prioridad era sumar los tres puntos. Entonces, en medio de ese paisaje hostil,
Pedri se fue al suelo cuando se alcanzaba la hora de partido. Sin falta, sin contacto, y llevándose la mano a la parte posterior del muslo derecho y la certeza inmediata: lesión muscular en el isquiotibial.
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