Escapada de invierno al pueblo de la campiña cordobesa donde nació el Gran Capitán
Rodeado de viñedos y olivares moldeando su paisaje, este pueblo andaluz es conocido sobre todo por tener una de las grandes denominaciones de origen de España. Pasar un buen rato en alguna de sus bodegas centenarias es una de las principales razones para visitarlo, pero no la única. En la tierra cordobesa donde nació Gonzalo Fernández de Córdoba (conocido como el Gran Capitán) y donde vivió Garcilaso de la Vega te espera también un patrimonio histórico con destacados monumentos que suman a esta escapada. Y todo sin prisas, porque Montilla merece la pena ser descubierto con la misma calma y conciencia que se disfruta una copa de sus afamados vinos.
Montilla más allá de sus vinos
Montilla no es de los pueblos más visitados de la zona y cuesta entender por qué. Y es que este bonito pueblo cordobés tiene todo lo que se puede desear cuando se planea una escapada: legado cultural, bodegas centenarias e infinidad de rincones en los que predomina un ambiente tranquilo y donde el reloj parece correr a otro ritmo.
Es conocido por sus afamados vinos, pero Montilla es mucho más. Lo descubrirás recorriendo sus calles empedradas flanqueadas por casas teñidas de blanco, mansiones históricas y palacetes, y en las que se respira una atmósfera de autenticidad y tradición.
Un panorama arquitectónico muy diverso
Comenzamos a descubrirlo por la Plaza de los Llanos de Palacio, donde se encuentra el Palacio de los Duques de Medinaceli, del siglo XVI. De este edificio renacentista sale una galería que comunica con la iglesia del convento de Santa Clara, formando uno de los rincones con más encanto de la localidad.
Sin salir del casco histórico, seguimos recorriendo las calles en las que encontramos curiosos rincones que es imposible pasar por alto y que son de lo más variado. No faltan las pintorescas fachadas, unas con coloridos azulejos, otras abalconadas y decoradas con infinidad de detalles. Y tras este trayecto tan entretenido llegamos a la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, la que fue residencia de este poeta de 1561 a 1591 y donde escribió parte de su obra. Cuenta con diversas estancias ambientadas con mobiliario de la época y un bonito patio con limoneros.
La Plaza de la Rosa
Es donde se encuentran algunos de los edificios más interesantes de Montilla, como el teatro Garnelo (de estilo modernista), el Museo Garnelo (Casa de las Aguas) que está situado en un edificio solariego y alberga obras del pintor José Garnelo, y también el edificio de la Tercia. Además, la Plaza de la Rosa es uno de los lugares con más ambiente de la localidad con tiendas, restaurantes y bares donde hacer una pausa. También aquí podrás ver la Fuente de la Rosa, construída en el siglo XVIII, es una auténtica joya del barroco.
La iglesia de Santiago
Esta iglesia del siglo XVI, que ocupa el espacio de una antigua mezquita, será nuestra siguiente parada. De estilo gótico-mudéjar, tiene también la particularidad de que para la construcción de las actuales capillas se utilizaron piedras del castillo. Su alta torre destaca sobre el paisaje de la localidad convirtiéndose en un destacado punto de referencia.
Desde el castillo, la mejor panorámica de Montilla
Levantada en el siglo XIV, en esta fortaleza medieval fue donde nació Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, uno de los personajes ilustres vinculados a esta localidad. Declarado Bien de Interés Cultural, de este monumento se conserva parte de la antigua muralla que lo protegía y sobre sus cimientos se construyó la Tahona del Castillo (siglo XVIII), un antiguo edificio de graneros que visto desde lo lejos parece tomar la forma de una gran iglesia. Al estar situado en lo alto de una colina, las vistas desde este mirador son insuperables.
Tierra de afamados vinos y buena cocina
Y si te preguntas que cómer, descubrirás que la gastronomía montillana no decepciona con el aceite de oliva y el vino como protagonistas de la mesa. Nuestra recomendación es que aproveches para tomar las alcachofas a la montillana y el rabo de toro maridado con vino de la tierra. Y de postre, las gachas de mosto acompañadas también de un vino dulce Pedro Ximénez.
