Estados Unidos intenta hacerse con Groenlandia cada pocas décadas: estas son las anteriores veces en las que ya intento hacerse con el territorio
Tensión geopolítica - El respaldo del Congreso estadounidense a Dinamarca en 2026 muestra que el interés por la isla sigue dividiendo a la política norteamericana, entre quienes defienden la alianza tradicional y quienes impulsan una expansión más agresiva
Trump amenaza con aranceles a los países europeos en su asalto a Groenlandia
El poder siempre ha buscado asegurarse el control de los recursos y los territorios estratégicos, sobre todo cuando su localización ofrece ventajas militares o económicas. Desde esa intención de expansión y dominio, los intentos de las grandes potencias por extender su influencia se repiten a lo largo de la historia.
Donald Trump, que durante años ha defendido una política exterior basada en la idea de recuperar territorios y asegurar suministros naturales, ha vuelto a mostrar su interés en adquirir Groenlandia, territorio autónomo de soberanía danesa. La isla ocupa una posición crucial entre América y Europa, lo que la convierte en un punto importante para el control del Atlántico Norte. Además, posee reservas de minerales, gas y petróleo que refuerzan su atractivo.
El intento de Trump no es una ocurrencia aislada, sino la continuación de una larga serie de propuestas estadounidenses con el mismo objetivo. Esa insistencia revela cómo la disputa por el Ártico se ha transformado en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos, y cómo las tensiones actuales retoman un conflicto diplomático que nunca llegó a cerrarse.
Los primeros intentos de anexión surgieron tras la compra de Alaska
El interés de Estados Unidos por adquirir Groenlandia se ha repetido a lo largo de más de un siglo, con ofertas y propuestas que revelan la importancia estratégica y económica de la isla. Desde los primeros debates posteriores a la compra de Alaska hasta la actual política de presión impulsada por la Casa Blanca, el país ha buscado consolidar su influencia en el Ártico para garantizar rutas, recursos y control militar.
Tras la adquisición de Alaska en 1867, el secretario de Estado William Seward inició conversaciones para extender el territorio estadounidense hacia el norte. Su intención era ampliar la presencia del país en el Ártico y aprovechar los recursos de Groenlandia. Aunque no se formalizó ninguna oferta, el propio Seward señaló que la isla ofrecía carbón y minerales de alto valor. El Congreso, sin embargo, mostró poco interés en continuar esa expansión, y la iniciativa se abandonó.
Décadas después, en 1910, durante la presidencia de William Howard Taft, Estados Unidos planteó una operación diplomática singular. El embajador en Dinamarca, Maurice Francis Egan, propuso intercambiar Groenlandia por la isla filipina de Mindanao, que entonces era territorio estadounidense. Dinamarca rechazó la sugerencia y el plan se disolvió rápidamente. Pese a ello, el episodio mostró que el deseo de Washington por controlar la isla seguía vivo.
Truman ofreció oro a Dinamarca para asegurar una base en plena Guerra Fría
En 1946, el presidente Harry Truman presentó la primera oferta formal para comprar Groenlandia. Su gobierno ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro, alegando la necesidad de asegurar una base operativa en plena Guerra Fría.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla había sido esencial como escala aérea y punto de abastecimiento, y Washington consideraba imprescindible mantener allí una presencia militar permanente. Dinamarca rechazó la propuesta, aunque permitió a Estados Unidos conservar instalaciones en el norte, donde aún opera la base de Pituffik, conocida como la más septentrional del Departamento de Defensa.
El interés renació en 2019, cuando Donald Trump planteó públicamente la posibilidad de adquirir Groenlandia. En aquel momento lo comparó con una operación inmobiliaria de gran escala, y la propuesta fue recibida con rechazo tanto por el Gobierno danés como por las autoridades groenlandesas. Tras su regreso a la presidencia en 2024, Trump reactivó esa idea, esta vez con un tono más amenazante y vinculado a la seguridad nacional. En sus discursos ha ido insistiendo en que el control de la isla es vital para frenar a los adversarios en el Ártico
La diplomacia danesa ha resistido las presiones sin romper la cooperación con Washington.
La tensión ha aumentado en 2026, después de que Trump advirtiera que podría imponer aranceles a los países que no respalden su plan para hacerse con Groenlandia. Durante una reunión en la Casa Blanca sobre política sanitaria, declaró: “Podría imponer un arancel a los países si no aceptan lo de Groenlandia, porque necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional”.
El mismo día, una delegación bipartidista del Congreso estadounidense viajó a Copenhague para expresar su apoyo a Dinamarca y a las autoridades groenlandesas ante las presiones de la Casa Blanca. Estos episodios confirman que el viejo sueño de adquirir la isla continúa marcando la política exterior de Estados Unidos, más de 150 años después de los primeros intentos.
