Como los jinetes de Agramonte
Cuenta la historia caprichosa y corajuda, que en esta llanura, la de El Mayor, la cubana enardecida, 35 jinetes se lanzaron contra el puñal sediento de sangre del ejército español, el 8 de octubre de 1872, y ni sus cañones, rifles y armerías pudieron con la embestida, mientras arrancaban de las tropas enemigas al Brigadier Julio Sanguily.
Cuenta no solo la legendaria epopeya insurrecta, sino el mambí con filo de machete despalmao que la tierra tembló ante el empuje de los hombres de esta homérica tierra, cuando el jefe insurrecto ordenó, «¡Corneta, toque a degüello!», en el potrero de Consuegra.
Como ayer, como aquel combate desigual, y como aquellas fieras contra el español usurpador, porque sí, dijo Agramonte, «¡Mis soldados no pelearon como hombres: ¡Lucharon como fieras! », la historia vuelve a estremecer los simientes de una nación, en gallardía por 32 jinetes, por 32 héroes, por quienes cayeron en combate.
Foto: Leandro Pérez Pérez
Aquí, en la llanura de la patria homérica, los jinetes de Agramonte, volvieron a la carga y como héroes abonaron la historia con hombradas de leones. Y es que esa historia, la de ayer y la de hoy, la mambisa del blanco puro y la de la AKM en verde olivo, tal cual la Sierra Maestra, cautiva por su proeza y epopeya.
Y cautiva, además, por ser Fidel, nuevamente quien desde el pasado la dignificó sin sospecharlo, para un presente de sacrificios y entrega frente al Imperio Yanqui, como «una hazaña insuperable»¹.
Un mar de pueblo bajo el brillo del sable de Agramonte, volvió a la carga, por sus 32 jinetes, caídos en lucha desigual en Venezuela. Y sí, hubo que matarlos como fieras, como titanes y como mambises frente al fascismo de nuevo tipo, el reclicado y despiadado, el del norte brutal y sin banderas.
Foto: Leandro Pérez Pérez
Aquella gesta resultó una importante victoria por la independencia de Cuba, pues demostró la fiereza del mambisado en su lucha emancipadora, pero la de este presente convulso y en resistencia cubana ante la sed ingerencista del monstruo de la siete leguas, reveló la calidad humana y militar de los oficiales cubanos y que en esta isla, sus hombres y mujeres, no comen miedo, aunque para eso haya que matarlos a balazos.
¹Así expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en un memorable discurso pronunciado en Camagüey, el 11 de mayo de 1973, en el centenario de la caída en combate de El Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz.
Foto: Leandro Pérez Pérez
