¿Por qué Trump quiere asaltar la Fed?
¿Está Donald Trump persiguiendo penalmente a Jerome Powell para tomar por asalto la Reserva Federal? Aún no lo sabemos. Pero la secuencia de hechos invita a sospechar.
A los libertarios no nos gustan los bancos centrales. Si pudiéramos sustituir la moneda fiat por un activo monetario independiente del Estado, muchos cerraríamos la Fed tan pronto como fuera posible. Ahora bien: mientras el Estado siga emitiendo su propia moneda, criticar al banco central no equivale a pedir que el Gobierno controle la imprenta. Al contrario: un Ejecutivo pendiente de las urnas tiene más incentivos para forzar dinero barato, inflar el gasto y socializar la factura vía inflación.
Trump lleva tiempo obsesionado con bajar los tipos. Hoy la Fed se mueve entre el 3,5% y el 3,75%. Él los quiere en el 1%. Así le saldría más barato financiar un déficit gigantesco y, de paso, abarataría el crédito a empresas y familias, maquillando a corto plazo la economía. En los últimos días, además, ha propuesto topar al 10% el interés de las tarjetas de crédito y ha insinuado un programa de recompra estatal de deuda hipotecaria: una especie de “QE” desde el Tesoro para empujar a la baja las hipotecas.
En ese clima, el Departamento de Justicia ha abierto una investigación penal por presunto perjurio de Powell ante el Senado. El origen: los sobrecostes de la reforma del edificio de la Fed. El proyecto habría pasado de unos 1.900 millones a cerca de 2.500 millones de dólares, un desvío de alrededor de 600 millones. La acusación: que Powell habría engañado sobre detalles de la obra (por ejemplo, si se habilitó o no una sala VIP). Powell sostiene que todo es un pretexto para presionarle a recortar más los tipos.
"¿Para qué?", dirán algunos, "si Powell deja la presidencia en cuatro meses?". Porque el 15 de mayo abandona la silla de presidente, pero seguiría como gobernador hasta enero de 2028. Desde ahí puede influir en el rumbo interno y, sobre todo, estorbar una colonización de la Fed por perfiles dóciles a una agenda fiscal y monetaria ultraexpansiva. Si se logra apartarlo, el tablero cambia.
Si la investigación es un ariete, el daño será doble: una Fed menos independiente. Un camino conocido: el del kirchnerismo, imprimiendo para tapar déficits. Y un Departamento de Justicia degradado a herramienta de intimidación. No es amor por la Fed. Es miedo a un poder que controle, a la vez, la imprenta y la fiscalía.
