José Elías, empresario: “Mi generación pudo comprarse una vivienda a los cuatro años trabajando. La de ahora...”
Estudiar para trabajar poder vivir solo y formar una familia. Ese es el objetivo de muchos jóvenes que apuntalan sus estudios y comienzan su carrera laboral. Una creencia de que con esfuerzo todo es posible, que ya no siempre es así. La preparación y el trabajo personal multiplica las posibilidades, pero no garantiza éxito ni estabilidad debido a la complicada situación actual en la que hay una enorme diferencia entre los salarios y los precios, especialmente de la vivienda.
Esta difícil situación la señala José Elías con una publicación en su cuenta oficial de 'X'. El multimillonario propietario de empresas como Audax Renovables o La Sirena reflejó la situación actual con un mensaje tan real como preocupante: "Mi generación pudo comprarse un piso a los cuatro años de empezar a trabajar. La de ahora no tiene ni esperanza de conseguirlo". Comprar ahora una vivienda es una odisea que implica mucho más esfuerzo. Este emprendedor explica las grandes diferencias con su generación.
Más oportunidades y mayor esfuerzo: así fue el boom del 76
José Elías recuerda su situación en su juventud: "A mí mis padres me vendieron la moto: si te portas bien, estudias y te sacas una carrera, serás un hombre de provecho". Cuenta que le fue bien, pero le ayudó un condicionante: "Les hice caso y me saqué la carrera. Pero reconozco que jugaba con ventaja: tuve la gran suerte de nacer en el boom del 76". Cree que nació en el mejor momento: "Creo que fuimos la generación más afortunada de España del último siglo".
El empresario destaca que años atrás había mucho más sacrificio al comienzo de la carrera laboral: "Salíamos con ganas de trabajar como bellacos. No se
nos caían los anillos por nada". Narra cómo era todo entonces: "
Todo ha cambiado en la actualidad: adiós a los objetivos
El dueño de La Sirena intenta buscar explicación a la falta de esfuerzo y no alude simplemente a que los jóvenes sean más vagos: "Pero a los 3-4 años te podías comprar un piso. Y decías: pues mira, me compensa. Tengo un objetivo. Tengo un futuro. Tengo una ambición. Tengo una esperanza". La falta de motivación lleva a un esfuerzo menor. Se obtiene un sueldo a final de mes, pero sirve para sobrevivir y poco más.
Lamenta la complicada situación actual: "Ahora yo creo que no hay esperanza y que vamos para atrás como los cangrejos". Considera que en lugar de avanzar, se ha retrocedido considerablemente, especialmente por el siguiente motivo: "Lo peor es que el esfuerzo ya no garantiza nada". Lanza una preocupante pregunta: "¿Para qué vas a trabajar como un bellaco si al final no llegas ni a un piso?". Su conclusión es muy clara: "Se ha perdido la cultura del esfuerzo porque hemos matado el incentivo. Y sin incentivo, se muere la ambición".
