Qué pueden hacer la UE y la OTAN para impedir que Trump intente apoderarse de Groenlandia
Los líderes europeos han defendido enérgicamente la soberanía, la integridad territorial y el derecho de Groenlandia y Dinamarca a decidir sobre los asuntos que les conciernen, pero aún no existe una estrategia clara sobre cómo disuadir a Trump, o cómo responder si finalmente toma medidas
Los líderes europeos abordan un posible despliegue militar en Groenlandia ante las amenazas de Trump
La Administración Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que Estados Unidos necesita hacerse con el control de Groenlandia, justificando su reivindicación desde “el punto de vista de la seguridad nacional” y advirtiendo de que “hará algo” con respecto al territorio “les guste o no”.
Esto coloca a la UE y a la OTAN en una situación difícil. Groenlandia, una parte de Dinamarca con una amplia autonomía, no es miembro del bloque, pero Dinamarca sí lo es; mientras que la isla ártica está cubierta por las garantías de la alianza de defensa gracías la membresía de Dinamarca.
Los líderes europeos han defendido enérgicamente la soberanía, la integridad territorial y el derecho de Groenlandia y Dinamarca a decidir sobre los asuntos que les conciernen, pero aún no existe una estrategia clara sobre cómo disuadir a Trump, o cómo responder si finalmente toma medidas. Estas son algunas de las opciones.
Diplomacia y seguridad en el Ártico
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se reunirá este miércoles con los ministros de Asuntos Exteriores de Dinamarca y Groenlandia, pero el embajador de Dinamarca en Estados Unidos, Jesper Møller Sørensen, y el enviado de Groenlandia, Jacob Isbosethsen, ya han comenzado a presionar a los legisladores estadounidenses.
Las gestiones diplomáticas tendrán como objetivo, en parte, abordar las preocupaciones de Estados Unidos en materia de seguridad, en primer lugar subrayando que el tratado de defensa entre Estados Unidos y Dinamarca de 1951, actualizado en 2004, ya permite una expansión masiva de la presencia militar estadounidense en la isla, incluidas nuevas bases.
En un mensaje dirigido directamente a los republicanos más allá del círculo MAGA de Trump, también subrayarán que, como ha dicho la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un ataque estadounidense a Groenlandia, que en la práctica supondría que un miembro se volviera contra otro, significaría “el fin de la OTAN”.
Más concretamente, según se informa, los embajadores de la OTAN acordaron la semana pasada en Bruselas que la alianza transatlántica debería aumentar el gasto militar en el Ártico, desplegando más equipos y efectuando más ejercicios, y de mayor envergadura, para ayudar a disipar las preocupaciones de Estados Unidos en materia de seguridad.
Aunque las afirmaciones de Trump de que Groenlandia “está llena de barcos chinos y rusos por todas partes” son claramente exageradas, los diplomáticos creen que algún tipo de movimiento concertado de Occidente para reforzar la seguridad exterior de Groenlandia podría ser la salida menos dolorosa de la crisis.
Funcionarios de la UE han dicho que esto podría seguir el modelo de Baltic Sentry, una operación de la OTAN lanzada el año pasado para proteger las infraestructuras del mar Báltico, y Eastern Sentry, que amplió el concepto para proteger de forma más amplia el flanco oriental de Europa de los drones y otras amenazas.
Sanciones económicas
En teoría, la UE, un mercado de 450 millones de personas, tiene una influencia económica considerable sobre Estados Unidos y podría amenazar con medidas de represalia que van desde el cierre de las bases militares estadounidenses en Europa hasta la prohibición de la compra de bonos del Gobierno estadounidense por parte de los europeos.
La sanción más publicitada es el instrumento anticoerción de la UE o “bazuca comercial”, que otorga a la Comisión Europea la facultad de prohibir la entrada de bienes y servicios de Estados Unidos al mercado de la UE, aplicar aranceles, despojarlos de sus derechos de propiedad intelectual y bloquear sus inversiones.
Pero eso requeriría que los gobiernos nacionales del bloque acordaran utilizarlo, lo que —reacios a infligir daños económicos al bloque y deseosos de mantener a Estados Unidos a bordo en lo que respecta a Ucrania— no parecen dispuestos a hacer, ni siquiera ante la amenaza de aranceles comerciales de Trump.
Europa depende de las empresas tecnológicas estadounidenses en todo tipo de ámbitos, dice Jean-Marie Guéhenno, antiguo alto cargo de la ONU: “Ya sea en materia de protección de datos, inteligencia artificial o actualizaciones de software, incluso para la defensa, Europa sigue estando a merced de la buena voluntad estadounidense”.
Además, para que cualquier amenaza de sanciones económicas sea eficaz, Trump tendría que creer que es real, lo que, al menos hasta ahora, está claro que no es el caso.
Invertir en Groenlandia
La economía de Groenlandia depende en gran medida de las subvenciones anuales de Dinamarca, que el año pasado ascendieron a unos 4 000 millones de coronas danesas (unos 530 millones de euros), lo que cubre aproximadamente la mitad del presupuesto de gasto público de este vasto territorio y representa alrededor del 20% de su PIB.
Las promesas de Trump de “invertir miles de millones” podrían ser igualadas por la UE en un esfuerzo por mantener a la isla —que, en algún momento en un futuro no muy lejano, se cree que votará a favor de la independencia de Dinamarca— fuera de las garras económicas de Estados Unidos.
Un borrador de propuesta de la Comisión de septiembre sugiere que la UE podría duplicar sus compromisos con Groenlandia para igualar la subvención anual danesa, mientras que la isla también podría solicitar hasta 44 millones de euros de financiación de la UE para territorios remotos asociados a la UE.
Aunque Washington puede ofrecer miles de millones más que Bruselas, los groenlandeses, una vez que hayan conseguido su independencia, podrían mostrarse recelosos de abrirse a las voraces empresas estadounidenses y reacios a perder su sistema de seguridad social de estilo nórdico.
Comprometer tropas
Todo lo anterior llevaría tiempo. Además, no está claro que las ambiciones de Trump en Groenlandia se vean satisfechas con tratados o con una mayor seguridad en el Ártico: el presidente de EEUU ha dicho en una entrevista con el New York Times que la “propiedad” estadounidense de la isla es “psicológicamente necesaria para el éxito”.
En un artículo para el influyente think tank Bruegel, Moreno Bertoldi y Marco Buti argumentan que los gobiernos de la UE deberían “proteger de forma proactiva a Groenlandia del expansionismo estadounidense”, y añadien: “La UE tiene capacidad de despliegue rápido y debería activarla”.
Con el acuerdo de Copenhague y Nuuk, afirman, se deberían desplegar tropas europeas en la isla “como señal del compromiso de Europa con la integridad territorial de Groenlandia”. Aunque eso no impediría la anexión estadounidense, la haría mucho más complicada.
“Aunque no habría necesidad de una confrontación armada, el espectáculo de Estados Unidos tomando prisioneras a las tropas de sus aliados más cercanos arruinaría la credibilidad de Estados Unidos, empañaría su reputación internacional e influiría fuertemente en la opinión pública y el Congreso de EEUU”, argumentan.
Nadie cree que una guerra entre Estados Unidos y la UE sea deseable o ganable. Pero una acción militar de Estados Unidos contra la UE tendría consecuencias devastadoras para la cooperación en materia de defensa, los mercados y la confianza mundial en Estados Unidos
Un portavoz del Gobierno alemán afirmó la semana pasada que Berlín estaba trabajando en un plan “que incluye la disuasión europea” en caso de que Estados Unidos intente apoderarse de Groenlandia, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, planteó el año pasado la posibilidad de desplegar un contingente militar francés.
La capacidad de despliegue rápido de la UE es un instrumento que permite desplegar rápidamente hasta 5.000 soldados de varios Estados miembros diferentes, bajo el mando de la UE, para responder a crisis fuera del bloque. Según los expertos y algunos políticos, esto podría cambiar los cálculos de Estados Unidos.
“Nadie cree que una guerra entre Estados Unidos y la UE sea deseable o ganable”, dice Sergey Lagodinsky, eurodiputado alemán del Partido Verde. “Pero una acción militar de Estados Unidos contra la UE tendría consecuencias devastadoras para la cooperación en materia de defensa, los mercados y la confianza mundial en Estados Unidos”.
Eso podría hacer que Trump se lo piense dos veces.
