Marcos Vázquez: «Meditar no es poner la mente en blanco sino observar sin dejar que te arrastre»
C uando la propia mente se convierte en nuestro peor enemigo, hay que parar. Bien lo sabe Marcos Vázquez, divulgador y especialista en salud, que lleva años analizando la conexión mente-cuerpo desde un enfoque que combina la salud física con otras áreas como la filosofía. Ahora acaba de publicar «Sabia mente: decide bien para vivir mejor» (Tenos), un libro en el que profundiza en cómo nos afecta vivir en un mundo con «mucha información, pero con falta de criterio». Vázquez, creador del popular blog Fitness Revolucionario y con miles de seguidores en redes sociales, analiza también el impacto de esta realidad en la salud mental. Aprovechamos el encuentro para hablar de los claroscuros del mindfulness, así como de los riesgos a los que se enfrentan quienes buscan soluciones rápidas a problemas complejos en el ámbito de la salud.
Según comenta, la mente está diseñada para sobrevivir, no para hacernos felices. ¿Cómo cree que esta idea puede cambiar la forma en que las personas lidian con sus emociones cotidianas?
La mente evolucionó para priorizar la supervivencia sobre todo lo demás, y lo hizo además en un entorno mucho más peligroso que el actual. Por tanto, tiende a responder a pequeñas amenazas del día a día, como una queja de un cliente o una pelea con nuestro jefe como si hubiera un peligroso león cerca. Entender que las sensaciones de ansiedad o miedo, aunque desagradables, evolucionaron para protegernos, ayuda de entrada a no preocuparse tanto cuando surgen. No son un fallo, son emociones normales. Esto permite dejar de ver las emociones negativas como un problema que hay que eliminar. Son parte del sistema. Lo importante es aprender a gestionarlas, no a evitarlas.
Sobre el «piloto automático mental» al que estamos tan acostumbrados, ¿cuál diría que es la señal más clara de que una persona está viviendo en ese modo y no lo sabe?
Hay muchas, pero una muy clara es cuando alguien vive constantemente distraído y reacciona todo el tiempo: se enfada, se frustra, se compara… pero no se detiene a preguntarse por qué. También pasa mucho que sientes que los días se te van, que estás ocupado, pero no avanzas. Eso es piloto automático. Todos caemos en él a ratos. La diferencia está en tener herramientas para salir de ahí.
La neuroplasticidad es clave. ¿Qué hábitos sencillos recomendaría a alguien que quiere comenzar a «reprogramar» su cerebro?
Lo bueno es que no hace falta complicarse. Con cosas pequeñas ya puedes empezar a cambiar circuitos mentales. Por ejemplo: cinco minutos de atención plena al día, escribir lo que sientes o piensas, cambiar el lenguaje interno, como pasar de un «no puedo» a un «no puedo... todavía». Aprender algo nuevo, leer, tomar un curso, lo que sea. Y, muy importante: hacer cosas que incomodan un poco. Salir de la rutina activa en mayor medida el cerebro.
En una era de distracciones constantes, ¿qué papel juega la atención plena en la salud mental y qué mitos sobre el mindfulness te gustaría desmontar?
Juega un papel importante. Porque si no puedes mantener tu atención, es muy difícil que puedas mejorar tu vida en ningún área. Y sobre los mitos, hay varios. Uno muy común es que meditar es dejar la mente en blanco. No es eso. Es observar lo que hay, sin dejar que te arrastre. Otro es que hace falta mucho tiempo, pero, realmente, con unos minutos al día puedes notar cambios. O puedes practicar atención plena mientras comes o tomas un café. Intenta simplemente prestar atención a las sensaciones y el sabor de lo que entra en tu boca. Y no se trata de estar todo el día en paz. Es aprender a volver cuando te despistas. Volver a ti. Ese es el músculo que se entrena.
¿La gente subestima la conexión cuerpo-sueño, ejercicio- alimentación en la salud mental?
Sí, mucho. Tendemos a tratar los problemas mentales solo desde la mente, cuando el cuerpo tiene un impacto brutal. Dormir mal, por ejemplo, desregula tus emociones. Es como tener un mal día desde que te levantas. El ejercicio es un antidepresivo natural. Y comer bien reduce la inflamación, lo cual afecta directamente al cerebro. No puedes pensar bien si tu cuerpo está desregulado.
Los críticos dicen que el boom del bienestar mental se ha convertido en una industria que simplifica en exceso problemas complejos. ¿Qué les diría?
Tienen razón en parte. Hay mucha frase bonita y solución mágica dando vueltas por ahí. Pero eso no quiere decir que todo sea postureo. Hay herramientas prácticas que funcionan, y está bien divulgarlas. La clave está en no prometer milagros. La autogestión emocional ayuda, sí, pero no reemplaza una terapia o fármacos cuando hacen falta.
¿Dónde pones el límite entre divulgación útil y prácticas que deberían estar guiadas por profesionales de la salud mental?
Hoy en día hay una tendencia preocupante a patologizar lo cotidiano. Sentirse mal después de una ruptura, tener ansiedad antes de una entrevista… son emociones humanas. No todo es una enfermedad. Si tratamos cada emoción incómoda como un síntoma clínico, estamos perdiendo la capacidad de tolerar el malestar normal de la vida. Entonces, el equilibrio está en dos cosas: No simplificar problemas graves con recetas de Instagram. Pero tampoco medicalizar cada emoción natural.
¿Las herramientas de autogestión emocional conllevan el riesgo de pensar que todo puede resolverse desde uno mismo?
Son parte de la solución, pero no la solución completa. Sirven para prevenir, ganar control, entenderse mejor. Pero si estás en un punto muy bajo, no basta con «pensar en positivo» o hacer respiraciones. Hay que evitar caer en el mensaje de que «todo está en ti».
