Una derrota útil: así es el futuro del Real Madrid tras perder la Supercopa
Si se puede fundar algo desde una derrota, Xabi Alonso se enfrenta este mes a su última posibilidad en el banquillo blanco. El Real Madrid perdió la Supercopa contra el Barcelona, pero fue una derrota digna, de las que, en principio, no deja cicatrices. Y eso, aunque parece un punto de partida escaso, es, al menos, un punto de partida.
En un club acostumbrado a medirlo todo en títulos, asumir una derrota como origen resulta casi contracultural, pero la situación obliga a mirar más allá del marcador. Aunque antes del torneo el equipo de Xabi estaba sumando victorias (Alavés, Talavera, Sevilla, Betis y Atlético en la semifinal de Arabia), en casi ninguna consiguió dejar algo duradero, algo a lo que agarrarse. En la derrota del domingo, sin embargo, hubo una cuerda de la que tirar: el compromiso y la actitud de los futbolistas, la humildad de pelear desde cierta inferioridad o intentar sobrevivir entre tantas bajas. «Las cosas a veces no salen como deben salir, pero hemos demostrado que somos un equipo vivo y que podíamos haber ganado perfectamente», explicaba Courtois tras el partido.
El reto de competir
Es verdad que fue un Real Madrid defensivo y que hay cosas que no se van a arreglar de un día para otro (ni tiene pinta de que en este curso), como la ausencia de un centro del campo imaginativo o una defensa lastimada, pero puede que Xabi ya lo vea claro y haya decidido hacer el Real Madrid que puede con lo que tiene.
Su equipo no ganó, pero compitió. Fue un conjunto que aceptó sus límites y trató de convertirlos en un plan. «Hay orgullo porque el equipo ha dado la cara desde el primer minuto hasta el último con circunstancias no deseadas. Hemos competido y lo hemos intentado hasta el final», explicaba Xabi Alonso. El Madrid defendió bajo durante muchos tramos, protegió su área con acumulación de hombres y buscó transiciones rápidas, asumiendo que el balón iba a ser del rival. Ese ejercicio de realismo es quizá el primer síntoma de un cambio más profundo.
El Real Madrid llegó a Arabia plagado de bajas, con futbolistas forzando minutos y con una plantilla mal distribuida por las circunstancias. Las lesiones condicionaron no solo el once, sino también el margen de maniobra durante el partido. Y aunque no se decía, en el ambiente del madridismo sobrevolaba la idea de que el Barcelona estaba mejor y el choque no empezaba en igualdad de condiciones. «Sabíamos que iba a haber momentos en los que debíamos tener resiliencia sin balón y convicción en lo que estábamos haciendo», describió el técnico.
La Supercopa, el punto de inflexión
Pero el equipo respondió. Nadie se borró. Ni los que tuvieron que jugar fuera de posición, ni los que arrastraban fatiga acumulada. Ni siquiera cuando el partido exigió correr hacia atrás durante muchos minutos o aceptar que el dominio territorial no iba a ser blanco. Hubo errores, pero también una sensación nueva: el Madrid supo a qué jugaba. Las transiciones fueron su vía de escape y la velocidad de Vinicius su argumento principal. Cada salida era una amenaza, un recordatorio de que se puede dominar encuentro sin la posesión. Con Vinicius en forma, si es constante con lo que se vio en Yeda y si lo es junto a Mbappé, entonces ya estamos hablando de otra cosa, de que puede pensarse en un futuro más ambicioso.
Hasta que eso pase, no estamos ante el Real Madrid ideal, pero quizá sí el Madrid posible. «El equipo ha estado compitiendo. No estamos contentos con el resultado, pero podemos sacar cosas positivas. Queda mucha temporada y tenemos que darle la vuelta lo antes posible», continuaba Xabi, que mantiene el mismo tono en la derrota y en la victoria. Hasta ahora el proyecto del entrenador vasco no se quitaba una sombra permanente: la de un futuro condicionado por resultados inmediato. La Supercopa no le dio un título, pero sí una derrota que puede ser útil y le consiguió un tiempo valioso. «Hay que seguir peleando y con la actitud que hemos tenido hoy y el otro día, debe demostrarse semana a semana en Liga y Copa. Y así, ganaremos algo», contaba Courtois.
Un mes para confirmar
El calendario no da tregua. Enero será decisivo para comprobar si esta derrota es un punto de inflexión real. La Copa del Rey, compromisos ligueros y partidos europeos se acumulan: Albacete, Levante, Mónaco, Villarreal, Benfica esperan al Real Madrid y en todos ellos hay que sostener lo mostrado en Yeda. «Ahora llega enero, un mes importante con 3-4 partidos muy importantes y a ver si podemos ganarlos», repetía Courtois. El partido contra el equipo de Marcelino, en su campo, el 24 de enero a las 21:00 horas va a definir si es cierto que se puede creer en este Real Madrid.
