Los noruegos son más felices incluso durante el oscuro invierno: seis hábitos que los hacen diferentes
Pasado el solsticio de invierno, los días van poco a poco haciéndose cada vez más largos. Sin embargo, aún con el horario de invierno, en muchos países aparece una sensación compartida de apatía y cansancio. El frío, la lluvia y la falta de luz suelen asociarse con bajo estado de ánimo e incluso con el llamado trastorno afectivo estacional. En el norte de Europa, donde el sol puede desaparecer durante semanas, ocurre algo aparentemente contradictorio: los niveles de depresión invernal son más bajos de lo esperado. El caso de Noruega ha despertado el interés de psicólogos y expertos en bienestar de todo el mundo.
La psicóloga sanitaria estadounidense Kari Leibowitz decidió investigar este fenómeno desde dentro. Se trasladó a Tromsø, una ciudad situada por encima del Círculo Polar Ártico, donde durante alrededor de dos meses el sol no llega a salir por el horizonte. Su hipótesis inicial era clara: tanta oscuridad debía pasar factura al ánimo. Sin embargo, los datos y la experiencia cotidiana desmintieron esa idea.
Leibowitz observó que muchas personas en el norte de Noruega no solo no desarrollaban depresión estacional, sino que mantenían una buena salud mental durante el invierno. La clave, según su investigación, no estaba en la biología ni en la genética, sino en la forma de relacionarse con la estación. En contextos extremos, explica, las personas no pueden “esperar a que pase”, sino que aprenden a integrarla en su vida.
1. Salir a la naturaleza, haga el tiempo que haga
Uno de los pilares del bienestar noruego es el friluftsliv, una filosofía que promueve la vida al aire libre. Incluso en invierno, caminar, esquiar o simplemente pasar tiempo fuera forma parte de la rutina. El movimiento en la naturaleza, aunque sea con frío y viento, mejora el estado de ánimo gracias a la liberación de endorfinas y refuerza la sensación de vitalidad. La clave no es el clima, sino el equipamiento: ropa adecuada que permita disfrutar del exterior sin incomodidad.
2. Darle un propósito al invierno
En lugar de contar los días hasta la primavera, muchos noruegos buscan un sentido propio a los meses fríos. Proyectos creativos, actividades domésticas placenteras o tradiciones estacionales ayudan a que el invierno no sea un tiempo “en pausa”. La investigación de Leibowitz muestra que quienes adoptan una actitud positiva hacia esta época se perciben más sanos y resilientes mentalmente.
3. Cambiar el lenguaje con el que hablamos del frío
La forma en que describimos el invierno influye en cómo lo vivimos. Asociarlo constantemente con palabras negativas como “oscuridad” o “tristeza” refuerza una expectativa emocional adversa. En Noruega, se promueve una narrativa diferente: la oscuridad puede ser sinónimo de calma, silencio y descanso, y la lluvia, un sonido reconfortante. Este simple cambio de enfoque tiene efectos reales sobre el estado de ánimo.
4. Buscar la calidez física y emocional
El invierno invita a cuidar el cuerpo con pequeños rituales de calor: duchas calientes, bebidas reconfortantes o mantas térmicas. Pero la calidez no es solo física. En los meses fríos, los noruegos tienden a priorizar encuentros sociales íntimos, en grupos reducidos, que refuerzan el vínculo y la sensación de seguridad emocional.
5. Apostar por una iluminación acogedora
La luz artificial también se adapta al invierno. En lugar de focos intensos, se prefieren lámparas suaves, velas y luces indirectas. Este tipo de iluminación ayuda a relajar el sistema nervioso, reduce la activación fisiológica y convierte la oscuridad exterior en un ambiente interior agradable. Encender una vela al atardecer es, para muchos, un gesto cotidiano cargado de significado.
6. Respetar el ritmo del cuerpo
La falta de luz incrementa la producción de melatonina, lo que explica una mayor sensación de cansancio. En Noruega se normaliza esta respuesta: se aceptan días con menos energía, se duerme más y se reducen las exigencias durante el periodo de adaptación al invierno. En pocos días, el reloj biológico se ajusta y el cuerpo encuentra un nuevo equilibrio.
Una lección exportable
El ejemplo noruego demuestra que el invierno no es, por definición, una amenaza para la salud mental. Más allá de la latitud, la clave está en la actitud, los hábitos y la forma de integrar la estación en la vida diaria. Aceptar el invierno, en lugar de combatirlo, puede ser una de las estrategias más eficaces para atravesarlo con bienestar.
