María Luisa Sepúlveda y los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad: “Más que hablar de la institución, tenemos que hablar de los valores que allí se defendieron”
El año era 1976. Chile estaba en plena dictadura y las vulneraciones a los derechos humanos eran la tónica. Había centenares de casos de ejecutados, detenidos desaparecidos y prisioneros políticos, y los familiares de los afectados comenzaron a acudir a una oficina de la Plaza de Armas de Santiago, donde recibían todo tipo de auxilio.
Este mes de enero, se cumplen 50 años desde la fundación de la Vicaría de la Solidaridad: institución clave en la defensa de los derechos humanos en dictadura, que con su trabajo, sigue aportando a los procesos de verdad y justicia.
Para conmemorar el hito, Radio y Diario Universidad de Chile conversó con la trabajadora social y última secretaria ejecutiva de la Vicaría, María Luisa Sepúlveda, quien se refirió a la historia de la organización, a las labores que realizaba y también, a la importancia de no olvidar los valores que defendió.
Fachada de la Vicaría de la Solidaridad. Créditos: Fundación de Documentación y Archivo Vicaría de la Solidaridad (FUNVISOL).
Sepúlveda afirmó que para entender la Vicaría es necesario remontarse a sus orígenes. La primera institución que surgió para ayudar a víctimas de la represión fue el Comité Pro Paz, un organismo fundado por el conjunto de las iglesias cristianas y la comunidad judía, y que brindó asistencia judicial, economica, técnica y espiritural, a más de ocho mil personas.
El Comité funcionó a lo largo de dos años, entre octubre de 1973 y noviembre del 75, fecha en que las autoridades del régimen ordenaron su cierre.
“Pinochet le exige a la Iglesia la disolución de esta institución y en virtud de ello, el cardenal [Raúl] Silva Henríquez crea la Vicaría de la Solidaridad, como una respuesta de la Iglesia Católica a esta situación, porque se da cuenta de que los problemas siguen y son graves y que no pueden dejar a las víctimas en el desamparo. Ahí nace la Vicaría de la Solidaridad, parte el día que se cierra el Comité Pro Paz”, recordó su ex secretaria ejecutiva.
La Vicaría de la Solidaridad estaba dividida en cuatro departamentos: jurídico, laboral, campesino y zonas. En ese sentido, Sepúlveda destacó que “lo central de la institución era atender a las víctimas de los atentados a la vida, a la integridad y a la libertad, pero también tenía otras actividades”.
“Por ejemplo, tenía un boletín que daba cuenta de lo que está pasando y de algunas iniciativas de solidaridad y un departamento campesino, que acompañó a las organizaciones campesinas para sobrevivir, especialmente a los dirigentes. También, un departamento laboral que se instala un tiempo, atendiendo primero a las personas que son expulsadas de su trabajo, especialmente del aparato del Estado y que no podían acceder a ningún derecho que tenían”, detalló.
María Luisa Sepúlveda. Créditos: Fundación de Documentación y Archivo Vicaría de la Solidaridad (FUNVISOL).
A lo anterior, la trabajadora social agregó la labor que se realizaba en las poblaciones, a través de las parroquias, y la creación de policlínicos y comedores infantiles para atender derechos tan básicos como el de la alimentación.
“La Vicaría tenía una visión en que no era un trabajo individual con la persona que llegaba a denunciar una situación, sino que a esa persona se le vinculaba. Si era un detenido desaparecido, que su familia era de Conchalí, por ejemplo, se le vinculaba a la organización de Iglesia de esa zona, al policlínico. Se buscaban maneras de que esa persona pudiera realizar acciones más allá de lo que podía hacer el abogado, el asistente social o la persona que recepcionaba sus antecedentes”, indicó.
De todas maneras, Sepúlveda también profundizó en el trabajo del departamento judicial y que tiene repercusiones hasta el día de hoy. Los abogados de la Vicaría presentaron cientos de recursos de amparo, tanto individuales como colectivos, y ayudados de trabajadores sociales y otros funcionarios, recopilaron información clave sobre asesinatos, desapariciones forzadas, casos de tortura y prisión política.
Una vez recuperada la democracia, el archivo de la Vicaría fue utilizado en investigaciones judiciales y en las comisiones de verdad. La propia Sepúlveda participó en una de estas instancias, como vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Valech.
Oficina de la Vicaría de la Solidaridad. Créditos: Fundación de Documentación y Archivo Vicaría de la Solidaridad (FUNVISOL).
“Desde el primer momento, el Comité y por supuesto que la Vicaría, entendieron el valor de documentar todo lo que iba recibiendo. Entonces, se documentó y se guardó y había archivos de toda la información recibida y de todas las acciones que hacía la institución, en virtud de la situación que le era planteada. De los amparos, de las denuncias, de las querellas, de las denuncias a los organismos internacionales, de las presentaciones administrativas a diferentes autoridades de la época. Todo eso se fue recepcionando y archivando y eso ha sido muy útil hasta la actualidad”, relevó.
La ex secretaria ejecutiva añadió que el archivo también ha hecho un importante aporte en la construcción de memoria: “Las universidades muchas veces han hecho investigaciones y van a estos archivos a buscar información. Los archivos de la Vicaría están abiertos para el público, para los periodistas, para los que investigan en las universidades y todo eso ha ido sirviendo para que la memoria esté presente y ayude a fortalecer la democracia y los derechos humanos”, remarcó.
Un compromiso con el país
En el corazón de la Vicaría se encontraban sus trabajadores, un grupo que Sepúlveda describió como bastante joven, ya que muchos no superaban los 30 años. Esas personas, se enfrentaron al asedio del régimen, a amenazas y amedrentamientos, que en algunas ocasiones se tradujeron en encarcelación y exilio.
El caso que golpeó con más fuerza a la Vicaría de la Solidaridad se dio en marzo de 1985, cuando la dictadura terminó con la vida del sociólogo y funcionario del organismo, José Manuel Parada. Él fue uno de los tres profesionales comunistas asesinados en el marco del Caso Degollados.
En diálogo con nuestro medio, María Luisa Sepúlveda señaló que lo que les daba energía era “un compromiso con tener un país mejor para todos”, “y nos sentimos, a lo mejor, más protegidos de lo que realmente éramos, porque estábamos bajo el alero de la Iglesia y del cardenal Silva Henriquez. Sentíamos que él era una autoridad que a pesar de lo que estaba pasando, tenía acogida en su legitimidad”, contó.
Otro elemento que destacó fue “el trabajo colectivo entre nosotros, la comunidad que se creó ahí, que nos daba seguridad en lo que hacíamos, nos reforzabamos unos con otros. A veces algunos tenían que tomar algunas medidas, como no andar solo en la calle. Cosas que hoy día uno ve y diría: qué ingenuidad, pero eso a nosotros de alguna manera nos tranquilizaba”.
Trabajadores de la Vicaría de la Solidaridad.
La Vicaría en los libros de historia
Consultada sobre la manera en que nuestro país recuerda a la Vicaría, Sepúlveda aseguró que la construcción de memoria en general ha sido compleja, sobre todo ahora que la mayor parte de los chilenos nacieron después del final de la dictadura.
“Ha sido un proceso difícil en términos de que la mayor parte de las veces, las demandas de justicia y verdad han estado en manos de las víctimas y sus familias. Entonces, se ha hecho muy difícil incorporar al resto de la sociedad y entender que hacernos cargo como sociedad, de lo que se vivió en dictadura, ayuda a reforzar nuestra democracia”, observó.
En ese escenario, la ex secretaria ejecutiva estimó que “más que hablar de la Vicaría, que no le hace sentido a mucha gente porque no es parte de su experiencia vital, nosotros tenemos que hablar de los valores que allí se defendieron”.
“Cuando empieza esa institución, se crea para el restablecimiento de la paz. Eso resuelve el cardenal Silva con los mandamases de las otras iglesias, que para eso se iba a crear. Muy pronto, se van agregando otros valores. El valor de la justicia, el valor de la verdad, el valor de la solidaridad. Esto no habría sido posible sin solidaridad, que se hubieran creado canales y experiencias de solidaridad frente a situaciones tan duras y dolorosas como las que se vivían en esos momentos”, reflexionó.
Cardenal Raúl Silva Henriquez junto a abogados de la Vicaría de la Solidaridad. Créditos: Fundación de Documentación y Archivo Vicaría de la Solidaridad (FUNVISOL).
Sepúlveda reconoció que en el escenario actual, tanto nacional como internacional, es difícil levantar la bandera de los derechos humanos. Sin embargo, también recalcó que “si lo pudimos hacer en dictadura, hoy día habrá que hacerlo en una sociedad donde no hay dictadura”.
“Podemos estar muy en desacuerdo con la manera que tiene algún sector de la sociedad en resolver los problemas, pero no hay dictadura y por lo tanto, tenemos que tener la capacidad para ver cómo se ponen sobre la mesa los problemas de derechos humanos, los problemas de la dignidad del ser humano, el tema de la democracia, de la libertad, de la solidaridad. No hay que renunciar a eso”, insistió.
