El suelo laminado pasó de moda: la nueva alternativa que promete reemplazarlos en 2026
Durante más de dos décadas, los suelos laminados tradicionales y los flotantes se consolidaron como la solución preferida para renovar viviendas sin grandes obras. Eran económicos, fáciles de colocar y ofrecían una apariencia aceptable de madera. Sin embargo, como ocurre con casi todas las tendencias en decoración, el paso del tiempo ha dejado al descubierto sus limitaciones y ha abierto la puerta a nuevas propuestas que buscan algo más que funcionalidad.
En los últimos años, arquitectos y diseñadores de interiores han comenzado a señalar un cambio claro en las preferencias. Ya no basta con un suelo práctico: ahora se busca personalidad, durabilidad y una estética capaz de elevar cualquier estancia. En ese contexto, una alternativa concreta está ganando terreno y apunta a convertirse en la gran protagonista de 2026.
El desgaste de los suelos laminados tradicionales
Aunque siguen presentes en muchas viviendas, los suelos flotantes clásicos arrastran una serie de inconvenientes que han ido restándoles atractivo. Uno de los más habituales es el sonido hueco al caminar, una sensación poco acogedora que delata su naturaleza artificial. A esto se suma su sensibilidad frente a la humedad, un problema especialmente evidente en cocinas, pasillos o viviendas situadas en zonas húmedas.
Con el uso diario, también aparecen otros inconvenientes: juntas que acumulan suciedad, lamas que se dilatan con los cambios de temperatura o superficies que pierden su aspecto original con mayor rapidez de lo esperado. Todo ello ha impulsado la búsqueda de una alternativa que mantenga la facilidad de instalación, pero mejore notablemente en resistencia y diseño.
¿Cuál va a ser la tendencia en suelos de 2026?
La respuesta a esa demanda no es completamente nueva, aunque sí lo es su versión actual. Los suelos laminados en espiga, inspirados en el clásico parquet de madera maciza, están viviendo un auténtico renacer gracias a los avances tecnológicos en materiales y acabados, según medios como Cody Life.
Este tipo de pavimento se compone de lamas dispuestas en un patrón geométrico en forma de “V”, conocido como espiga o “herringbone”. El resultado es un suelo visualmente dinámico que aporta profundidad, elegancia y un marcado carácter decorativo. A diferencia de los parquets tradicionales, estas versiones modernas son laminadas o vinílicas de alta calidad, lo que simplifica su colocación y reduce costes.
Uno de los grandes atractivos de los suelos en espiga es su impacto visual. El dibujo rompe con la monotonía de las lamas rectas y genera una sensación de movimiento que hace que las estancias parezcan más amplias y luminosas. La luz natural juega un papel clave, ya que resalta las vetas y texturas, creando ambientes cálidos y sofisticados.
Además, los acabados actuales imitan la madera con un nivel de realismo difícil de distinguir del material natural. Existen opciones en tonos claros, medios o oscuros, así como superficies mate, satinadas o con textura, lo que permite adaptarlos a estilos muy diversos, desde el minimalismo contemporáneo hasta interiores clásicos renovados.
Más allá de la estética, la funcionalidad es otro de los motivos que explican su popularidad. Los suelos laminados en espiga de nueva generación ofrecen una mayor resistencia al desgaste, los arañazos y los golpes, algo especialmente valorado en hogares con niños o mascotas.
También se comportan mejor frente a los cambios de temperatura y humedad, reduciendo el riesgo de deformaciones. Esto los convierte en una opción más versátil para distintas estancias de la casa, incluso aquellas donde los suelos flotantes tradicionales solían dar problemas.
Otra de sus grandes ventajas es la facilidad para integrarse en distintos estilos decorativos. El patrón geométrico de la espiga funciona como un elemento protagonista, pero no resulta invasivo. Puede combinarse tanto con muebles neutros como con piezas de colores intensos, permitiendo que cada espacio tenga su propia identidad sin perder coherencia visual.
Por todo ello, no es casualidad que muchos expertos ya hablen de este tipo de pavimento como el relevo natural del suelo laminado clásico. Si la tendencia continúa, 2026 podría marcar el punto de inflexión definitivo en la forma en que vestimos el suelo de nuestros hogares.
