La manipulación del «blackface» por la izquierda o cómo tergiversar una tradición
En Cádiz se llevaron 30 años seguidos -y verán que no exagero- recurriendo al único negrito que había en la ciudad –el entrañable doctor brasileño Fernando de Souza- para hacer de Baltasar en la cabalgata de Reyes Magos. Hasta que este, harto ya de tanta mirra, le dijo al alcalde que se pusiera a tirar caramelos su madre. La anécdota es ilustrativa en tanto que explica que cuando hay escasez de personas de raza negra, o se repite quien encarna a Baltasar o, como es habitual y tradicional, se elige a un blanco para que interprete al monarca. Además, no se sube cualquiera al trono de una cabalgata, ya que se supone que hay detrás un reconocimiento social. Evidentemente, el blanquito ha de tintarse o tiznarse la cara de oscuro para dar verosimilitud al personaje: no queremos jugar con la ilusión de los niños, y estos, pese a esa suspensión de la incredulidad que por su conveniencia prolongan hasta la ESO, no van a tragarse que el bueno de Baltasar es albino o que se está sometiendo a un proceso de blanqueamiento como Michael Jackson en su día.
Total, que la práctica del llamado «blackface», tan mal vista hoy día por esos «snowflakes» carcomidos por la doctrina «woke», es más antigua que el bacalao en salazón. Seguro que el primer español que encarnó a Baltasar en la cabalgata de Alcoy de 1868 no sufrió crítica alguna por ello, frente a quien ha hecho lo propio en Sevilla el 5 de enero de 2026, el presidente de la Junta de Andalucía [[LINK:TAG|||tag|||63361bac59a61a391e0a1b31|||Juanma Moreno]], quien ha sido acribillado, especialmente por medios, políticos y tuiteros de izquierdas, por hacer lo mismo que tantos otros blancos hicieron simultáneamente en los cientos de cortejos reales que se celebran en nuestro país tal día.
Es decir, no es el «qué» sino el «quién». Y a Juanma Moreno le tienen ganas como se las tenían a[[LINK:TAG|||tag|||6336196fecd56e3616932599||| Justin Trudeau]], el ex primer ministro canadiense, cuando sacaron a la luz unas fotos suyas de jovencito disfrazado de una suerte de Aladdín. Ante lo que este, en su deriva progresista y viendo peligrar su reelección, respondió lamentándose profunda y públicamente por ello. Algo que esperamos, por el bien de nuestra vergüenza ajena, no haga el presidente andaluz.
Tradición y polémica
El término «blackface» se refiere a una práctica que nació con el uso del maquillaje teatral empleado por blancos para representar a negros. Ganó popularidad en el siglo XIX, especialmente en los Estados Unidos, con los espectáculos de «minstrel shows», donde actores blancos se pintaban la cara con corcho quemado o betún para burlarse de los esclavos afroamericanos. Representaban a las personas negras como perezosas, ignorantes, cobardes, maleantes o hipersexualizadas, entreteniendo al público mientras reforzaban ideas racistas de superioridad blanca. Uno de los personajes más famosos fue Jim Crow, que incluso dio nombre a las leyes de segregación racial en el sur de EE.UU.
La aparición de este maquillaje data de 1830, y estuvo vigente hasta 1960, ya que lo consideraban un «evidente ejemplo de racismo». Algunos artistas como Thomas Dartmouth Rice, Al Jolson o Bert Williams (en la imagen principal) popularizaron su práctica.
Con la entrada del siglo XXI, el fenómeno del «blackface» como práctica racista se persigue, especialmente en la angloesfera, como una práctica a erradicar. En su lugar, se busca que se contrate actores negros. En España y sus cabalgatas reales, desde hace una década larga, convivimos con esta polémica impostada. La práctica habitual hasta entonces era que quien interpretaba a Baltasar y sus pajes reales se maquillaran de negro para encajar con el icono tradicional.
Los detractores de esta práctica han alegado que el «blackface» es racista en todas sus formas, y activistas sociales y políticos han pedido en sus respectivas ciudades que sea interpretado por ciudadanos negros en vez de blancos pintados. Por su parte, sus defensores aseguran que en España el «blackface» no tiene el mismo significado que en Estados Unidos, pues hasta finales del siglo XX apenas había población negra en el país. Desde entonces, las principales ciudades españolas empiezan a recurrir a personas negras para interpretar a Baltasar en las cabalgatas, aunque otras mantienen la costumbre anterior, sobre todo en municipios menos poblados.
