Venezuela, ¿susto o muerte?
La situación que se produce en estos momentos en Venezuela es, desde el punto de vista político, económico y social, sumamente compleja. En gran medida recuerda los hechos acontecidos a finales de 1989 en Panamá respecto del dictador Manuel Antonio Noriega. No obstante, como se puede deducir a primera vista, las circunstancias que rodean ambos hitos históricos son un tanto diferentes. Y de ahí la cautela en el proceder de las autoridades estadounidenses. Cuando se produjo la operación de captura del dictador Noriega el 3 de enero de 1990, rápidamente se instituyó como presidente al ganador de las elecciones de 1989 (Guillermo Endara) que juró desde la base militar estadounidense de Fuerte Clayton.
Esa era, probablemente, la opción que preveía en la actualidad la mayor parte de la comunidad internacional y de la comunidad venezolana fuera de Venezuela. Sin embargo, por lo menos en estos momentos, parece que no es esa la opción que está barajando la administración Trump.
Los motivos que pueden estar llevando a la opción de que sea la recién nombrada presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, a liderar la transición pueden ser variados. Pero una serie de indicadores muestran, al menos indiciariamente, por qué puede ser una opción más razonable que instaurar a los ganadores de las últimas elecciones venezonalas, D. Edmundo González y Dña. María Corina Machado. Esto es, por qué pudiera ser más razonable no seguir el planteamiento que se realizó en Panamá respecto de Noriega.
Diferencias con el caso de Noriega
El primer motivo puede venir dado por el grado de acogimiento de la operación de captura del dictador venezolano Maduro por parte de la propia población venezolana viviendo en Venezuela. En Panamá, según las encuestas de la época, un 92% de la población panameña celebró la aprehensión del dictador Noriega. Sin embargo en la actualidad, en Venezuela, se está muy lejos de esos márgenes de aprobación por parte de la población sita en el propio Estado venezolano.
Esta circunstancia se relaciona con el siguiente motivo, que es el número de tropas desplegadas en territorio extranjero para asegurar la paz y evitar conflictos militares. La administración Bush tuvo que desplegar más de 25.000 soldados en territorio venezolano, pero de esa manera se aseguraba el control estadounidense de la situación en prácticamente todo el territorio panameño. Ello devino, además, en el desmantelamiento del ejército panameño.
Ahora bien, el número de tropas que debería desplegar Estados Unidos en Venezuela para asegurar un control similar de la situación sería, a la vista del número de habitantes que hay en Venezuela y del extenso territorio venezolano, muchísimo mayor. Lo cual no solo no sería permitido por la comunidad internacional, sino que generaría un riesgo muy importante de pérdida de vidas y recursos estadounidenses en caso de que comenzarán a producirse conflictos militares internos. La forma más efectiva -y con menos coste de vidas humanas- de controlar la población actualmente en Venezuela es a través del propio ejército venezolano y de sus fuerzas y cuerpos de seguridad. No a través de una invasión militar en toda regla como la que tuvo lugar en Panamá.
Por tanto, parece que la primera opción que está barajando la administración Trump es utilizar la fuerza coactiva venezolana para mantener el control social en Venezuela, y realizar paulatinos cambios en la estructura política del país para permitir, esperemos que en el menor tiempo posible, la celebración de unas verdaderas elecciones democráticas que permitan ejercer libremente (sin coacción) el derecho al voto, sino también una contabilización certera de los mismos y una ejecutabilidad de los resultados sin recurrir a la violencia.
Sin duda, es un equilibrio delicado, puesto que existe el riesgo de que el chavismo, una vez pasada la crisis inmediata producida por la pérdida de su dictador, comience a maniobrar para seguir manteniendo el poder en Venezuela. De ahí que la administración Trump haya declarado públicamente que siguen manteniendo vigente la segunda opción «a la Panamá»; esto de la invasión militar con «boots on the ground».
Ciertamente no es una situación ideal, pero a la vista de la extensión del territorio venezolano, de la existencia de un porcentaje de la población que apoya al chavismo, y de la presencia de fuerzas y cuerpos de seguridad chavistas, la cautela actual estadounidense es la que parece garantizar, con mayor probabilidad, salvar vidas venezolanas y panameñas.
La segunda opción comporta una invasión estadounidense con cifras de soldados estadounidenses importante, que puede constituir un polvorín con una mecha muy corta. En estos casos es siempre mejor el susto que la muerte.
