Si tuviste alguno de estos productos cuando eras adolescente en los 90, probablemente fueras la envidia del barrio
Hubo una época, antes del wifi, de los smartphones y de las redes sociales, en la que el prestigio adolescente no se medía en seguidores, sino en objetos. Bastaba con que sonara cierta música desde tu habitación, que sacaras algo concreto de la mochila o que encendieras “la consola buena” para convertirte automáticamente en leyenda del barrio. Los años 90 en España fueron una década dorada para la envidia sana… y no tan sana.
Si eras adolescente entonces y tuviste alguno de estos artículos, no solo lo recuerdas: probablemente aún lo mencionas con orgullo.
Los productos que lo cambiaban todo
Tener una Super Nintendo o una Mega Drive era jugar en otra liga. Las tardes se llenaban de amigos “que pasaban por allí”, mandos compartidos y discusiones eternas sobre si Mario era mejor que Sonic. A finales de la década, quien consiguió una PlayStation directamente ascendió al Olimpo juvenil.
El Walkman Sony fue durante años un símbolo de estatus. Si además tenías un Discman con sistema anti-skip, eras prácticamente invencible. En casa, la minicadena con altavoces enormes hacía que todo el bloque supiera que estabas escuchando a Nirvana, Oasis o Extremoduro… aunque tus padres no lo agradecieran tanto.
Tecnología que parecía magia
Un PC con Windows 95 era algo casi futurista. Si además tenías Internet en casa, aunque fuera por módem y con ese sonido infernal de conexión, eras oficialmente “el del ordenador”. No faltaba quien iba solo a “ver cómo era eso del internet”. En cuestiones de moda, las Nike Air Max, las Reebok Pump o un chándal Adidas completo eran más importantes que cualquier discurso motivacional.
Comunicación antes de WhatsApp
El buscapersonas (beeper) fue el precursor del “te escribo luego”. Y a finales de los 90, aparecer con un móvil Nokia, aunque solo sirviera para llamar y jugar a la serpiente, era motivo de miradas, preguntas y una pizca de envidia colectiva. Pero ese no era el único lujo. Tener televisión en tu habitación, una Game Boy para el recreo o un skate o patines en línea completaba el pack soñado de cualquier adolescente noventero.
Hoy muchos de esos objetos duermen en cajones, trasteros o directamente en la memoria. Pero durante unos años, bastó con tener uno de ellos para sentir que lo tenías todo. Y sí: si los tuviste, fuiste, sin discusión, la envidia del barrio.
