Ni vinagre ni bicarbonato: cómo conseguir que las toallas vuelvan a quedar suaves y esponjosas
Hay una escena doméstica bastante común: sacas una toalla limpia del armario tras un lavado, te la pones en la cara y notas un tacto áspero, casi acartonado. A veces ocurre después de pocas coladas y no es necesariamente porque la toalla sea de mala calidad. La explicación suele estar en lo que se queda atrapado entre las fibras con el paso del tiempo.
Detergente acumulado, restos de suavizante, minerales del agua dura y un secado demasiado agresivo forman una combinación perfecta para aplastar el rizo del algodón.
El problema no es la lavadora
Cuando una prenda va perdiendo suavidad, tendemos a pensar que la lavadora la está estropeando. Sin embargo, en el caso de las toallas, el culpable suele ser una capa de residuos que se va acumulando lavado tras lavado. Y aquí hay un matiz importante: una colada puede oler a limpio y, aun así, arrastrar restos. Si el tambor va muy cargado, si usamos más detergente por si acaso o si el aclarado se queda corto, esa película se instala en el tejido.
El suavizante, además, juega con ventaja en el mal sentido. Está pensado para alisar fibras y dejar una sensación agradable, pero en una toalla puede acabar funcionando como un barniz: da tacto sedoso al principio, sí, pero a medio plazo puede apelmazar el rizo y reducir la absorción.
La alternativa que está ganando terreno
Frente al dúo clásico (vinagre o bicarbonato), hay una combinación que está circulando entre profesionales de la limpieza: cristales de soda (carbonato de sodio) y unas gotas de aceite esencial de árbol de té.
Los cristales de soda se usan como refuerzo de lavado porque su alcalinidad ayuda a despegar la suciedad incrustada y los restos de producto que se van quedando en el algodón.
El aceite de árbol de té, por su parte, se emplea por su carácter desodorizante y su apoyo frente a la carga microbiana que puede quedar en tejidos que retienen humedad, como las toallas.
Cómo se aplica
La idea es sencilla: hacer un lavado correctivo que limpie la fibra a fondo y le devuelva aire. Lo más importante es no sobrecargar la lavadora; si el tambor va apretado, el agua no circula bien y el aclarado pierde eficacia. A partir de ahí, se puede hacer un lavado normal con una cantidad moderada de detergente, añadiendo cristales de soda como ayuda para arrastrar residuos.
En cuanto al aceite de árbol de té, conviene actuar con prudencia: unas pocas gotas bastan. Lo ideal es que no caiga directamente sobre la toalla para evitar marcas; puede mezclarse con el detergente o añadirse al cajetín.
Si la etiqueta de la toalla lo permite, una temperatura más alta (por ejemplo, 60 ºC) suele ayudar a eliminar mejor restos grasos y a limpiar la fibra en profundidad. Si no, se puede hacer a 40 ºC.
