Caravana y resistencia
Hablar de guerra es, ante todo, hablar del efecto en los niños, del primer llanto de un recién nacido el pasado 3 de enero bajo un cielo teñido de rojo. Del niño que ve marchar a su padre hacia un conflicto que no eligió. La guerra es más que estrategias militares; la vida entera de una ciudad puesta en pausa.
Hace 67 años, en estos mismos días, una Caravana de libertad recorría la Isla. No llegaba para sembrar terror, sino para proclamar el triunfo de una Revolución que conquistó su victoria luchando. Contrario a lo que algunos pudieran imaginar, las imágenes de aquel enero fundacional no muestran a los niños escondidos.
Los enseña en brazos de un Fidel verdeolivo, siendo parte del júbilo colectivo. Desde entonces, el proyecto de nuestra Patria se ha forjado en un clima de paz y soberanía, una conquista diaria y consciente.
Sin embargo, existe un guion que se repite, una mano que desde el imperio ha intentado, una y otra vez, torcer el rumbo de América. Lo intentaron en Playa Girón contra Cuba, y lo han hecho —durante décadas— mediante golpes de Estado, ocupaciones militares y derrocamientos políticos.
Hoy, el viejo guion se ensaya con saña contra Venezuela. Y para Cuba, la Revolución Bolivariana no es un escenario lejano. Es, sencillamente, un país hermano donde se escribió una página entrañable de nuestro internacionalismo.
Por eso duele y alarma ver cómo intentan asfixiar esa casa común. La violencia que escaló en la madrugada del 3 de enero hasta la agresión militar no es una abstracta «política exterior». Es un castigo concreto contra el humilde, contra el inocente por atreverse a decidir su destino.
Esta es la reflexión que debe motorizar a nuestro pueblo, y en especial a los jóvenes, en este nuevo recorrido simbólico de la Caravana.
La paz no se sostiene solo con consignas; se construye y defiende con trabajo diario. Se organiza en el barrio, en la universidad, en el centro laboral.
Se piensa de forma constante en cómo blindar las conquistas sociales ante un bloqueo despiadado.
Le toca a esta generación ver más allá del titular sensacionalista que quiere vender la agresión a Venezuela como «necesaria». Le toca investigar, discernir, sentir la verdad en los pueblos agredidos.
Lo que sufre Venezuela hoy es un ataque directo a la dignidad de toda la Patria Grande. Ayer fue la Revolución Bolivariana, mañana podrían intentar doblar las campanas de la guerra sobre cualquier otro pueblo soberano, incluido el nuestro.
La Revolución es, fue y será el pueblo humilde organizado, consciente y movilizado. Basta de que el imperio convierta calles en campos de batalla. Basta de sus secuestros y terror. Ese no es el futuro que queremos para Cuba. El destino de nuestros pueblos solo puede ser definido por sus hijos legítimos. La juventud cubana deberá estar siempre al lado de la construcción y el abrazo, no de las bombas; del lado de los libros, no de la intervención. La paz es el acto más valiente que podamos escoger.
