Por qué no deberías dormir con la ventana abierta ahora mismo aunque tengas calor por la calefacción central
Dormir bien no depende solo del colchón o de las horas que se pasen en la cama. El ambiente del dormitorio, la temperatura, la humedad y la calidad del aire, influye de forma directa en cómo descansa el cuerpo durante la noche. En los meses fríos, cuando la calefacción central eleva la sensación térmica, muchas personas optan por dejar la ventana entreabierta para compensar el calor. Sin embargo, esta práctica, bastante extendida, no siempre es la más adecuada desde el punto de vista de la salud ni del confort nocturno.
¿Por qué no se debería dejar la ventana abierta en invierno?
Durante el sueño, el organismo regula de forma natural su temperatura corporal. Para que ese proceso se produzca sin interrupciones, el entorno debe ser relativamente estable. Los especialistas en descanso coinciden en que la temperatura ideal del dormitorio se sitúa entre los 16 y los 18 grados centígrados, tanto en invierno como en verano. Superar o descender de ese rango puede provocar despertares frecuentes, sensación de incomodidad o un sueño menos profundo.
Dormir con la ventana abierta en pleno invierno, aunque la calefacción esté encendida, introduce un factor de enfriamiento constante que rompe ese equilibrio. El aire frío no solo enfría la habitación, sino también el cuerpo, especialmente durante las fases más profundas del sueño, cuando la capacidad de adaptación térmica disminuye.
Más allá de la temperatura, la humedad es otro elemento clave. Mientras dormimos, el cuerpo libera sudor y vapor de agua que se acumulan en el colchón, las sábanas y el ambiente. Si esa humedad no se gestiona correctamente, puede favorecer la aparición de moho, hongos y la proliferación de ácaros del polvo, especialmente en dormitorios mal ventilados.
Paradójicamente, dejar la ventana abierta toda la noche no soluciona este problema. La ventilación continua y leve no renueva el aire de forma eficaz y, dependiendo del clima exterior, puede incluso aumentar la humedad interior. Por eso, los expertos recomiendan una ventilación intensa pero breve, de diez a quince minutos, preferiblemente por la mañana y por la noche, con las ventanas abiertas de par en par para facilitar la renovación completa del aire.
Aire seco, mucosas irritadas y descanso alterado
El exceso de calefacción también tiene consecuencias. Un aire demasiado seco puede resecar las mucosas nasales y la garganta, provocando molestias respiratorias, congestión o sequedad al despertar. Dormir con la ventana abierta no siempre corrige este efecto y, en algunos casos, lo agrava al combinar aire frío con baja humedad.
La humedad relativa recomendada en un dormitorio se sitúa entre el 40 % y el 60 %. Mantenerla dentro de ese margen ayuda a proteger las vías respiratorias y a crear un entorno más confortable para el descanso. Herramientas sencillas como un higrómetro permiten controlar estos valores y ajustar la ventilación o la calefacción de forma más precisa.
La calefacción, mejor constante que intermitente
Existe la creencia de que el dormitorio no debe calentarse en invierno, pero una temperatura demasiado baja también favorece la condensación y el moho. Mantener la estancia por debajo de los 16 grados no es recomendable. Además, encender y apagar la calefacción de forma irregular genera cambios bruscos de temperatura que afectan tanto al confort como al consumo energético.
Una calefacción moderada y constante, combinada con ventilaciones puntuales, resulta más eficaz que compensar el calor nocturno con una ventana abierta durante horas.
El ambiente del dormitorio no se limita al aire. La forma en que se gestiona la cama al despertar influye directamente en la higiene y la humedad del colchón. Tenderla inmediatamente después de levantarse atrapa la humedad acumulada durante la noche, creando un entorno propicio para ácaros y esporas.
Lo más adecuado es airear la ropa de cama durante un tiempo, sacudir edredones y almohadas y permitir que el colchón se seque antes de hacer la cama por completo. Este gesto sencillo contribuye a mantener un entorno más saludable sin necesidad de recurrir a soluciones drásticas como dormir con la ventana abierta en pleno invierno.
El aire fresco es necesario, pero el momento y la forma importan. Ventilar bien antes de acostarse y al levantarse permite renovar el aire, controlar la humedad y mantener una temperatura adecuada durante la noche. Dormir con la ventana abierta cuando hace frío, incluso si la calefacción genera calor, puede alterar ese delicado equilibrio y afectar tanto al descanso como a la salud a medio plazo.
