Héroes de azul: 67 años junto al pueblo
El amanecer de aquel enero de 1959 además de poner fin a una tiranía; fue el nacimiento de un nuevo orden social. En los albores del triunfo, cuando el eco de los fusiles rebeldes aún resonaba en las laderas de la Sierra y las calles de Santiago, surgió una necesidad imperiosa: proteger la paz que tanto sudor y sangre había costado.
Este 5 de enero, se cumplen 67 años de un hito que cambió para siempre el concepto de seguridad en nuestra isla: la fundación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).
Del uniforme de la Sierra al orden público
La génesis de nuestra policía no está en academias represivas de viejo cuño, sino en el fragor de la lucha armada. Fue la Policía Rebelde, nacida en el Segundo Frente Oriental Frank País bajo el mando del entonces Comandante Raúl Castro Ruz, la que trazó el camino de lo que hoy conocemos. Aquellos barbudos, que bajaron de las lomas con la justicia como bandera, se convirtieron en los guardianes de un pueblo que por primera vez sentía que el uniforme no era sinónimo de atropello, sino de amparo.
Aquel 5 de enero de 1959, la PNR se despojó de la herencia corrupta de la policía batistiana para vestirse de pueblo. Desde entonces, el policía cubano dejó de ser el perseguidor del obrero para convertirse en su hermano de trinchera.
El bautismo de fuego: La epopeya de Girón
Si hay un momento donde el honor de nuestra policía se fundió para siempre con el destino de la patria, fue en las arenas de Playa Girón. En abril de 1961, cuando la bota mercenaria intentó hollar el suelo soberano, el Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria no dudó un segundo en cambiar el orden de las calles por la vanguardia en el campo de batalla.
Aquellos hombres, muchos de los cuales apenas estrenaban sus uniformes azules, marcharon hacia la Ciénaga de Zapata con la convicción de los invencibles. Allí, el Batallón de la PNR avanzó bajo el fuego enemigo, demostrando que su compromiso con la Revolución iba más allá de mantener la tranquilidad en una esquina; estaban allí para defender la existencia misma de la nación.
Los nombres de los caídos en aquella gesta son hoy los cimientos morales de la institución. Su sacrificio dejó claro que el policía cubano es, ante todo, un miliciano, un soldado del pueblo dispuesto a dar la vida por la soberanía que hoy disfrutamos.
Garantía de orden interior y tranquilidad ciudadana
Sesenta y siete años después, la misión sigue siendo la misma, aunque los desafíos hayan mutado. En un mundo donde el caos y la inseguridad son moneda corriente, la tranquilidad ciudadana en Cuba es un baluarte, un patrimonio sagrado que la PNR custodia con celo.
Su compromiso es claro: el trabajo silencioso y constante en la prevención del delito, la acción que protege el patrimonio común y la convicción de que el orden no se impone con la fuerza vacía, sino con la autoridad moral.
Su tarea no está exenta de sacrificios, detrás de cada patrulla, de cada oficial en una esquina o de cada investigador, hay historias de noches sin sueño y de familias que esperan. Son hombres y mujeres que, anteponiendo el bienestar colectivo al propio, aseguran que nuestros niños puedan caminar a la escuela sin miedo y que la noche sea un espacio de descanso.
Un compromiso renovado
Llegamos a este 67 aniversario con la certeza de que la PNR es una institución que late al ritmo del país. En cada barrio, el oficial de policía es parte del tejido social, un vecino más que porta la enorme responsabilidad de preservar la Revolución desde la base misma del orden social.
Al recordar aquel enero de 1959, no solo miramos al pasado con orgullo, sino al futuro con seguridad, porque la policía de hoy sigue siendo la de la Sierra: fiel, valiente y, sobre todo, profundamente humana.
Sesenta y siete años después, su historia continúa escribiéndose en cada guardia, en cada esquina, mas cercanos al pueblo. Mientras el tiempo avanza, la memoria de los caídos y la entrega de los presentes se entrelazan en un mismo legado: el de una institución que celebra su aniversario en la obra diaria de proteger la vida y la tranquilidad de la nación.
