Doumbouya y Touadéra, favoritos bajo la sombra de Rusia
Guinea-Conakry y la República Centroafricana (RCA) celebran elecciones presidenciales el domingo. El clima está marcado por dinámicas políticas complejas y determinantes en el proceso: en Guinea, el protagonismo se concentra en la junta militar dirigida por el coronel Mamady Doumbouya; en la RCA, sobrevive un Estado que aún depende de varias misiones internacionales para mantener su rumbo y que combate desde hace años a los grupos armados radicados en parte del territorio.
Guinea Conakry
La victoria se decanta sin apenas dudas hacia Mamady Doumbouya. Fue él quien encabezó el golpe de Estado de 2021, y ahora busca convertir el mando de la transición en una presidencia “legítima”. Su giro en este sentido ha sido, cuanto menos, interesante. Pasó de prometer que no se presentaría a un posible proceso electoral a organizar una nueva arquitectura institucional que le abre la puerta a hacerlo. Porque las elecciones llegan después de un proceso que ha rediseñado las reglas del juego, gracias a la nueva constitución (aprobada en referéndum en septiembre) que elimina el impedimento previo a los miembros de la junta concurrir y que, además, alargará la duración del mandato presidencial de cinco a siete años. Ese cambio, unido al absoluto control del aparato estatal por parte de los militares, explica por qué la contienda puede considerarse poco disputada.
Es cierto que aparecen otros nombres, pero son candidatos prácticamente residuales. Así destacan Abdoulaye Yero Baldé (FRONDEG) y Faya Lansana Millimono (Bloc Libéral) entre las voces más reconocibles. Sin embargo, el bloque opositor que participa en estas elecciones está condicionado por años de presión sobre actores críticos. Figuras de peso, como Alpha Condé y Cellou Dalein Diallo, quedaron fuera por restricciones de edad y/o residencia bajo el nuevo marco, mientras que varios partidos clave han sido suspendidos o enfrentado serias dificultades durante la campaña.
Las organizaciones de derechos humanos han documentado episodios graves en este ámbito. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han contabilizado decenas de muertes en protestas durante la transición (Amnistía cifra al menos 44 fallecidos entre el 1 de junio de 2022 y el 15 de marzo de 2024). Además, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresó su “extrema preocupación” por la desaparición de dos líderes del FNDC, Oumar Sylla (Foniké Mengué) y Mamadou Billo Bah. Ambos fueron arrestados en Conakry en julio de 2024, en una detención se produjo “violentamente” y sin orden judicial, según Amnistía Internacional. Actualmente se desconoce su paradero.
Las amistades internacionales de Doumbouya, además, que se pueden decir polifacéticas, fortalecen su posición. En su relación con Europa, el coronel ha combinado un pragmatismo económico marcado por la cooperación. La Comisión Europea señaló en un informe que la UE ha previsto 362 millones de euros en subvenciones para el país en el marco 2021–2027, dentro de un enfoque “Team Europe” que agrupa a instituciones europeas, al BEI y a varios Estados miembros. En paralelo, el vínculo comercial sigue siendo relevante, dado que las estadísticas oficiales de la UE sitúan en 2024 las exportaciones europeas a Guinea en torno a 1.250 millones de euros y las importaciones desde Guinea en unos 648 millones.
En cuanto a Rusia, Guinea ha ido reforzando el vínculo político y de seguridad con Moscú en paralelo a su relación con socios occidentales. Tras el golpe de 2021, el liderazgo militar ha buscado diversificar apoyos internacionales y Rusia ha ganado presencia como interlocutor en el ámbito de cooperación militar y de respaldo diplomático, pero también por medio de intereses económicos: Guinea es un actor estratégico por sus materias primas, especialmente la bauxita, y por proyectos mineros de gran escala. Esto convierte la amistad con el país africano en una competición geopolítica.
Aunque Guinea no vive una guerra abierta, sí que atraviesa un periodo de conflictividad política con sus propios costes. HRW describe un país donde la prohibición de protestas y la represión han sido centrales en la estabilidad “controlada” de la transición. Ese patrón convive con un trasfondo económico que puede tensar la calle. Además, diversos expertos han señalado un posible de malestar social en torno al megaproyecto minero de Simandou, que promete una importante transformación económica e industrial pero que también ha traído despidos masivos tras el pico de empleo que hubo durante su construcción.
República Centroafricana
El favorito es el presidente Faustin-Archange Touadéra. Lleva en el poder desde 2016 y está decidido a buscar un tercer mandato tras el referéndum de 2023 que eliminó el límite de dos mandatos por cada presidente. Su gobernanza se sostiene en la promesa de estabilizar el país y en una alianza de seguridad profundamente controvertida con Rusia, además de apuestas económicas llamativas, como la vez que estableció en 2022 el bitcoin como moneda de curso legal.
La situación política de RCA está, sin embargo, atravesada por una contracción del espacio cívico. Human Rights Watch afirmaba en el informe de World Report 2025 que el espacio político en la nación africana se ha ido restringiendo tras el referéndum constitucional de 2023, con claros ejemplos de represión contra sociedad civil, medios y partidos opositores. El informe de junio de 2025 de la División de Derechos Humanos de MINUSCA documentó además 64 violaciones relacionadas con la privación de libertad y condiciones de detención, que afectaron a 198 personas en total, y precisó que muchos de los casos se debieron a detenciones arbitrarias o más allá del límite legal de custodia. Este tipo de cifras no se limitan a la política, pero es un indicador relevante del funcionamiento coercitivo del Estado y del entorno en el que operan críticos y rivales.
Pese a las dinámicas represivas ya mencionadas, Touadéra se enfrentará este domingo a un total de seis contrincantes, después de que un tribunal rechazara sus intentos por impedir la candidatura de dos ex primeros ministros. Pero la competencia se desarrolla en un entorno donde la oposición denuncia interferencias y donde la capacidad de campaña fuera de la capital depende, en buena medida, de la seguridad a la que puedan acceder los candidatos.
Porque RCA sigue siendo un país que hace lustros que atraviesa un conflicto de baja y media intensidad. Naciones Unidas cuenta con un despliegue de unos 14.400 efectivos uniformados en el marco de la misión conocida como MINUSCA, y la propia Oficina de DD. HH. de la ONU publicó en marzo de 2025 un informe sobre ataques en el sureste (Haut-Oubangui) que documenta violaciones graves cometidas por grupos armados (incluido uno afiliado a las fuerzas armadas) contra comunidades musulmanas y refugiados sudaneses, subrayando que el ciclo de violencia sigue activo fuera de Bangui.
Ese cuadro de inseguridad crónica también explica el peso de Rusia, que no es un mero colaborador del dispositivo de poder de Bangui. Es una parte fundamental del dispositivo de poder de Bangui. El Gobierno de Touadéra ha apoyado su estrategia de supervivencia en instructores y apoyo de seguridad rusos. Y también en la presencia sobre el terreno de contratistas vinculados al grupo Wagner, que han operado junto a fuerzas nacionales en operaciones contra grupos armados. Distintos informes internacionales (Naciones Unidas, Human Rights Watch, etc.) han señalado que esa colaboración ha sido acompañada por dinámicas reiteradas de abusos contra civiles y ha dañado el equilibrio interno: el Estado gana músculo en algunas zonas, sí, pero a cambio se vuelve más dependiente de un aliado externo y de un modelo de seguridad marcado por la violencia.
En definitiva, son dos países que atraviesan sendos procesos electorales este domingo. Los resultados arrojan pocas dudas. La sombra rusa planea por ambas naciones de la mano del autoritarismo, las represiones y el desprecio generalizado por los derechos humanos, siempre oculta bajo una falsa bandera de liberación africana… a manos de unos pocos.
