PSOE y PP cortan el paso a la abstención socialista
El debate sobre una eventual abstención socialista para facilitar la investidura de María Guardiola en Extremadura quedó ayer prácticamente clausurado. Pedro Sánchez veta que el PSOE se abstenga para «rescatar» a la candidata del PP de un acuerdo con Vox.
En Ferraz sostienen que cualquier salida alternativa al pacto PP-Vox debe partir del propio Partido Popular y no de una cesión socialista que, además de carecer de contrapartidas, trasladaría al PSOE la responsabilidad de la gobernabilidad regional.
«No vamos a blanquear ni facilitar gobiernos sostenidos por la ultraderecha», resumen fuentes del entorno de Sánchez. El expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra planteó esta opción, que coincide con lo que reclama un sector de la organización regional.
Frente a ese portazo a la salida de un pacto para la abstención entre los dos principales partidos, la popular María Guardiola, presidenta en funciones y candidata a la investidura, mantiene un discurso más matizado. La dirigente popular calificó de «sensata» esta opción, apelando a la «centralidad» y a la necesidad de evitar la entrada de Vox en el Ejecutivo autonómico. Sin embargo, al mismo tiempo, Guardiola no cerró del todo la puerta a gobernar con Vox, consciente de que sus números dependen de ese apoyo si no hay movimientos en el bloque socialista. Aspira a un gobierno en socialista, pero no se cierra a otros escenarios.
En cualquier caso, la posición oficial del PP se decide en Génova. Y la dirección nacional apuesta por un acuerdo con Vox en Extremadura. El mensaje interno es claro: si el PSOE no se mueve, el PP no se quedará bloqueado. Génova asume que el desgaste de un pacto con Vox será menor que el de aparecer suplicando una ayuda que Sánchez ya ha negado.
Extremadura es hoy un tablero de alto valor simbólico. Para el PSOE, ceder ahora supondría contradecir el relato de confrontación con Vox que sostiene la estrategia nacional. Para el PP, aceptar la abstención socialista –si llegara– implicaría reconocer la dependencia del adversario y debilitar su discurso de alternativa. Mientras que para Guardiola el margen se estrecha entre la coherencia del discurso y la aritmética parlamentaria.
«¿No les interesa la abstención del PSOE? ¿No la piden?», le preguntaron ayer los periodistas a Esther Muñoz, portavoz parlamentaria de los populares en el Congreso. «No se trata de si queremos o no la abstención del PSOE, tendrán que decir si la ofrecen. Se trata de leer lo que quieren los extremeños. Y un 60% quieren un Gobierno de derechas. Es importante tenerlo en cuenta». La portavoz popular subrayó, a continuación, que «tiene que haber un entendimiento» del PP con la formación verde.
Salvo giro de guion, la investidura en Extremadura se encamina a un pacto PP-Vox, mientras el PSOE se prepara para intentar cargar el coste político de ese acuerdo en el haber de Génova y reforzar su mensaje nacional: que la derecha gobierna allí donde puede, incluso al precio de abrir la puerta a la ultraderecha.
Vox, por su parte, juega con los tiempos. Sabe que el PP necesita su gesto para desbloquear la investidura de Guardiola, y también que el margen de maniobra es limitado. De ahí que haya optado por tensar la cuerda: elevar el tono, marcar perfil propio y trasladar a su electorado que no se resigna a ser un mero facilitador del poder autonómico.
En el fondo, Vox se enfrenta a un dilema estratégico. Abstenerse sin contrapartidas claras le permitiría evitar una repetición electoral –un escenario incierto–, pero también alimentaría la narrativa de irrelevancia que el partido trata de combatir desde el 28-M. Por el contrario, votar en contra y forzar un bloqueo prolongado puede tener un alto coste reputacional: aparecer como responsable del desgobierno y del desgaste institucional, especialmente en una comunidad donde el cambio político parecía descontado.
Vox no quiere repetir el esquema de otros territorios donde su apoyo fue leído como una cesión sin réditos. Y tiene claro que hasta ahora le ha salido mucho más rentable condicionar desde fuera que entrar en los gobiernos.
