Marga Durá, escritora: "No abrir el libro ya publicado es el mejor consejo que me han dado"
El imaginario colectivo archiva en sus anales culturales el fervor de Marilyn Monroe por la fragancia «Chanel Nº5». Marga Durá también ama esa colonia. De cualquier modo, ella ha venido a hablar de su libro, satisfaciendo así el orgullo postmortem de Francisco Umbral. Durá inició su relación con el folio para informar de la realidad. No obstante, en un momento dio el paso a desarrollar su pasión por plasmar sus mundos imaginarios con «El prodigio de las migas de pan» y, posteriormente, «Una pregunta para Elena».
A través de una narrativa impregnada de diversos aromas, «La esencia secreta de la casa Frossard» (Destino) muestra la vida de dos mujeres durante los años 30 y 40 del siglo pasado, con el sonido de los fusiles de fondo. La escritora barcelonesa, en una travesía por Madrid, mantuvo esta charla sobre sus emociones periodísticas, narrativas e, incluso, aromáticas.
¿Nace antes la pasión periodística o la narrativa?
Ya de muy joven quería vivir de lo que escribía. Veía «Lou Grant» y me encantaba el mundo de la redacción. Decir que quieres ser escritora es raro, pues no hay camino a seguir, por lo que decidí ser periodista. Las tengo tan mezcladas que no sé cuál nació antes.
¿Todo periodista debería, al menos, intentar escribir un libro de ficción?
Los periodistas vivimos muchas vidas: cada vez que entrevistamos a alguien, cubrimos un evento… Un día conduje un Fórmula 1 y luego escribí un reportaje de las ONG. La mayoría de las personas no tienen acceso a todas esas experiencias. Tenemos material, al menos, para un pequeño cuento.
¿Qué es lo que le gusta de las historias bélicas?
La guerra es un extremo en el que sale lo mejor y peor de cada persona. Hablar de contiendas actuales me costaría mucho, pero me atrae hablar de los conflictos en perspectiva y ver cómo el ser humano reacciona en ellos. Mi personaje, Ana Fernández, es republicana, pero como pasadora también ayuda a curas. Trato de plasmar el rechazo a la guerra y la oda a la vida.
¿Su libro entra dentro de la narrativa de la Segunda Guerra Mundial?
No. Es mucho más amplio. Tengo muchas ideas, pero siempre encuentro la manera de vincularlas. Me gusta el tema de las curanderas, los perfumes, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil...
¿Le gusta la etiqueta «novelista de época»?
Al decir de época parece que mi novela es de los Borgia, y de momento no me ha dado por ahí. Me veo «casi» actual.
¿Pesa más el rigor histórico o las licencias creativas?
Es un tópico decir esto, pero me encanta la pregunta, pues es lo que más me ha costado. En mi primera novela sentía que estaba engañando al lector. Desde mi vertiente periodística hago una documentación exhaustiva, pero, a partir de ahí, empiezo a imaginar. En cada libro voy un paso más allá. En este último me he soltado definitivamente el pelo para indagar en la ficción total. Aún así, se mantienen algunos dejes de periodista que no podemos olvidar de ninguna manera (risas).
¿Ha perdido el pánico periodístico a meter la pata en la documentación?
Sí. He encontrado el equilibrio. Obviamente hay cosas que tengo que investigar, pero ya no es una losa, sino un trampolín.
Los periodistas vivimos muchas vidas. Tenemos material, al menos, para un cuento
Su libro deposita gran relevancia sobre los perfumes. ¿Es el relato de Patrick Süskind una referencia?
Es una fuente de inspiración. Lo releí cuando me puse a escribir. Es verdad que se ha convertido en el canon de los perfumes, pero es que es un libro que lo tiene todo. Literario pero a la vez comercial. Lo hizo muy bien (risas).
¿A qué perfumes le gustaría que oliera su obra?
Esa es la pregunta. Huele a lavanda y a la rosa de Grasse. Pero más que a lo que huele, es la sensación que te dejaría ese perfume. Aunque la situación histórica no es la más agradable, se siente como una fragancia chispeante.
¿Y su aroma favorito?
Me gusta «Juste un baiser» de Fragonard, que solo se encuentra en Grasse. También «Chanel Nº5», «Rive Gauche» y, más moderno, «La vie est belle». Más allá de lo comercial, adoro el olor de las cerillas y la tierra mojada.
¿Lee sus libros una vez están publicados?
Mi pareja, también escritor, me comentó que lo bueno de la última corrección es que nunca vas a volver a leer tu relato en la vida. No abrir el libro una vez publicado es el mejor consejo que me han dado. Tus creaciones hay que abandonarlas, y el momento de hacerlo es cuando te llega y no lo lees.
