La cara de Julián Álvarez en el banquillo nada más ser sustituido lo describe posiblemente mejor que unas cuantas palabras. Ese lento movimiento de cabeza de un lado a otro, retrato de impotencia y frustración, lamento resignado ante lo que no tiene explicación, el viejo «este Atleti» murmurado bajando por el paseo de los Melancólicos tras un partido cualquiera en el Calderón . La definición del Atlético. Pasan los años, pero la sensación que deja este equipo es la misma. Con Simeone también. Fue el suyo un ejercicio muy reconocible. Otra victoria tirada a la basura porque sí, por voluntad propia, por desgana o capricho, por defectos que se desatienden y errores sobre los que se insiste, por concesiones gratuitas...
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