La honestidad ausente
Las sanciones contra ministros, magistrados y jueces electos dejan una señal clara: la credibilidad de los futuros funcionarios puede desvanecerse mucho antes de que lleguen a sus cargos. El Instituto Nacional Electoral (INE) impuso multas, que oscilan entre los mil y los 127 mil pesos, a 177 ganadores de la elección judicial que violaron las reglas al aparecer en los polémicos “acordeones” que partidos y simpatizantes difundieron para orientar el voto.
A simple vista, algunos podrán minimizarlo: “es un tecnicismo”, “no es corrupción”. Pero en una contienda para renovar el corazón del Poder Judicial, donde el compromiso con la ley y la ética debe ser incuestionable, cualquier señal de ventaja indebida daña la confianza ciudadana. Quien aspira a impartir justicia no puede permitir que su primera huella pública esté marcada por un incumplimiento.
La honestidad no es solo una etiqueta que se coloca en discursos o spots; es una conducta que se demuestra en cada acción, incluso en los detalles aparentemente menores. La congruencia entre lo que se predica y lo que se hace es lo que otorga legitimidad.
Si un candidato aparece en un material prohibido por la autoridad electoral, el mensaje que manda no es honestidad, sino conveniencia. Y eso importa, porque el votante, cada vez más informado y exigente, detecta rápidamente las incongruencias. No basta con decir “soy austero” o “soy honesto” si, al mismo tiempo, se participa en una práctica que viola las reglas del proceso.
El reto para quienes compiten por un cargo judicial no está solo en ganar votos, sino en construir confianza. Y esa confianza comienza mucho antes de asumir el cargo: empieza en la campaña, en la forma en que se cumple la ley, en cómo se evita cualquier sombra de duda sobre las motivaciones o los métodos.
Por eso, el episodio de los “acordeones” debería servir como un llamado de atención no solo para los sancionados, sino para todos los partidos y actores políticos. Los partidos y candidatos deben mejorar sus estrategias para ganar una elección de forma limpia y dejar de lado las trampas. El INE debe reforzar la vigilancia y aplicar sanciones ejemplares para disuadir estas prácticas. La legitimidad de cualquier proceso depende de que la elección sea limpia en la forma y en el fondo.
En un momento en que el Poder Judicial se enfrenta a una transformación histórica, no hay margen para la incongruencia. La honestidad no es un adorno retórico: es parte de los cimientos sin los cuales cualquier reforma, por ambiciosa que sea, estará destinada a fracturarse. Si quienes hoy buscan ser la nueva cara de la justicia no entienden esto, el costo lo pagará toda la democracia.
