En una ceremonia irrepetible, mejor dicho, en un formato esperpéntico que no hace falta que se repita, la
RFEF dio a conocer el calendario de
Liga. Dejó que el momento estrella coincidiera, justo, durante el descanso del
Madrid-
Juventus del Mundial. Era muy raro que la Federación contraprogramase el partido del
Real con un festival televisado desde una localidad de 426 habitantes y sin equipo de fútbol. El calendario tuvo poco de sorteo. Todo parecía muy dirigido y muy poco random. El
Barça tenía una petición, la de jugar los tres primeros partidos fuera de casa para poder adecuar el
Camp Nou al regreso de los aficionados. Deseo concedido. Y, por lo tanto, antes del primer parón
FIFA, en agosto los de
Flick jugarán consecutivamente en
Mallorca, en
Levante y en
Vallecas. Jamás el
Barça había empezado así un campeonato. No es ningún hándicap, puesto que en la pasada campaña el equipo ganó más puntos fuera que jugando como local.
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