Rusia prohíbe el movimiento LGBT tras considerarlo una «organización extremista»
El Ministerio de Justicia ruso presentó a mediados de noviembre una demanda a instancias del Tribunal Supremo a fin de considerar como [[LINK:INTERNO|||Article|||633c4f6a1eb5b0e403064beb|||«organización extremista»]] el movimiento LGBT. El Gobierno ruso alegaba en su escrito que el colectivo que defiende los derechos de las minorías sexuales fomenta la división social y religiosa dentro del país. Dos semanas después, la más alta magistratura de Rusia ha accedido finalmente a equiparar el estatus legal del movimiento LGBT con el de grupos yihadistas como Dáesh o Al Qaeda.
El Tribunal Supremo prohíbe, así, cualquier manifestación pública de apoyo a los derechos de las personas homosexuales, transexuales o pertenecientes a cualquier orientación sexual minoritaria amparada por el colectivo. La censura abarcaría gestos como el mero hecho de portar la bandera del arcoíris.
El juez instructor Oleg Nefedov no ha aclarado de qué forma se llevaron a cabo las correspondientes deliberaciones, realizadas a puerta cerrada. Es más, solo pudieron acceder funcionarios del Ministerio de Justicia que remitió la petición. Tampoco ha explicitado qué símbolos u organizaciones concretas podían clasificarse como LGBT. El secretismo ha sido el esperado.
El colectivo LGBT se suma a una lista en la que figuran otro tipo de organizaciones y movimientos como el que lidera el opositor ruso Alexéi Navalni, así como los Testigos de Jehová o la gigante tecnológica norteamericana Meta.
La decisión del tribunal se enmarca en un contexto en que el Kremlin destina cada vez más recursos a la propagación de los llamados valores familiares tradicionales, una cuestión que Vladimir Putin ha utilizado a menudo para cohesionar a la población rusa contra Occidente y el liberalismo occidental, especialmente a raíz de [[LINK:TAG|||tag|||6336146e1e757a32c790bb29|||la invasión de Ucrania]]. Precisamente, hace apenas cuatro meses, el autócrata ruso firmó una nueva ley que penaliza la cirugía transexual y los tratamientos hormonales para cambiar de género. Estampó Putin su rúbrica, además, sobre un decreto que declaraba a 2024 como el Año de la Familia, ante la preocupación por el descenso de la natalidad en el país y sus implicaciones para la demografía rusa.
Sin embargo, analistas y figuras de la oposición han acusado al Kremlin de utilizar cuestiones sociales como el aborto y los derechos LGBT como herramienta de distracción para relegar a un segundo plano el recrudecimiento de la crisis económica y social como consecuencia de la guerra en Ucrania a medida que se aproximan las elecciones presidenciales, previstas en principio para marzo del próximo año.
En este sentido, Ivan Zhdanov, director de la Fundación Anticorrupción del encarcelado Navalni, interpretaba este «movimiento extremista» en su cuenta de X (antes Twitter) como «el comienzo de la campaña electoral de Putin». «Este es su claro programa para un nuevo mandato: un paso hacia la completa iranización, el aislamiento de Rusia. Habrá una completa distracción de los problemas reales, la creación de enemigos míticos, la discriminación de partes de la población por diversos motivos: esto es sólo el principio», apuntaba.
La decisión del tribunal llega una década después de que Rusia aprobara por primera vez una ley que ilegalizaba la «propaganda gay» unas semanas después de que Putin recuperara la presidencia. Desde entonces, el retroceso en derechos del movimiento LGBT no se ha detenido.
