Crítica de "Golpe de suerte": jugar a los dados con el universo ★★★
“Golpe de suerte” empieza y acaba con dos casualidades benéficas, no solo para justificar que los caprichos del azar también saben de justicia poética sino para afirmar que los ‘deus ex machina’ a los que Allen es tan aficionado no son trucos de guionista perezoso sino otra prueba del absurdo de nuestra existencia, si la entendemos como el relato que nos contamos a nosotros mismos.
No hay excesivas sorpresas en su excursión al París de las subastas de postín, los caterings de lujo y las buhardillas bohemias. Un encuentro entre dos compañeros de estudios, un adulterio, un marido celoso, una madre con impulsos detectivescos… Y, con todo, la película, que critica la discreta hipocresía de la alta burguesía con una ligereza que habría satisfecho al Chabrol más juguetón, y que la contrasta, en sintonía con la ingenuidad perpetua de Allen, con el elogio de la pasión del verdadero artista, discurre con fluidez, acaso contagiada por cierto afrancesamiento de la cámara, demostrando su condición de pequeño cuento moral sobre las miserias humanas.
Lo mejor:
Que retoma un tema capital de la filmografía de Allen con espíritu lúdico y ligereza afrancesada.
Lo peor:
Que parezca mejor de lo que es comparándola con “Rifkin’s Festival”.
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