El miércoles 12 de abril de 1961, desde Bajkonur, el puerto espacial ruso, se lanzó el cohete que puso por primera vez a un ser humano en órbita. El comandante de la fuerza aérea soviética
Yuri Gagarin.
Gagarin, de unos luminosos ojos azules, no fue escogido ni por su especial inteligencia ni por su disposición física, que sí importaban. La característica determinante fue su altura: tenía que caber en la caja de sardinas que era la cápsula espacial. Cuando se encontraba orbitando alrededor de la Tierra, al mirar por la escotilla escribió en su libro de bitácora: «La Tierra es bellísima. La veo rodeada de una aureola azulada, y dejando vagar la mirada por el cielo la veo pasar del azul al turquesa, de éste al violeta y a la oscuridad de la noche». Poco podía imaginar que 50 años después dos astrónomos norteamericanos iban a describir de manera parecida a todo el universo.
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