Pablo de la Peña: Gasto en salud de los hogares
En la edición anterior de esta columna comenté que México es uno de los países miembros de la OCDE con el menor gasto público en salud como porcentaje del PIB, con el 3.3 por ciento, mientras que el promedio es de 7.3 por ciento. También comenté que, de acuerdo con datos de la OCDE, México cuenta con 1 cama de hospital por cada mil habitantes, y eso nos pone al final de la tabla dado que el promedio es de 4 camas por cada mil habitantes.
Finalmente, también destaqué la problemática que significa el creciente déficit entre lo que el gobierno federal recibe de ingresos por las “aportaciones para salud” y lo que el gobierno tiene que destinar en el ramo 19, que es para cubrir principalmente las pensiones y otros gastos de seguridad social. Este déficit en el 2022 fue del 62 por ciento.
Adicionalmente, todos estamos convencidos de que la pandemia significó un fuerte golpe para las familias mexicanas, tanto por la reducción de sueldos y salarios reales, como por el incremento en el gasto por servicios de salud. Para el gobierno federal la suma total de gastos en los renglones de salud en el 2020 representó prácticamente el 50 por ciento de su gasto programable.
Este porcentaje resulta de la suma de los egresos en la Secretaría de Salud (Ramo 12), en Aportaciones a Seguridad Social (Ramos 19), al IMSS (Ramo 50) y al ISSSTE (Ramo 51); y como se podrán imaginar, tanto las aportaciones a seguridad social como el IMSS se llevan el 40 por ciento de dicho gasto.
A pesar de que en términos relativos el gasto en salud es una proporción importante del gasto programable del gobierno federal, sabemos que es insuficiente. Todos hemos escuchado el reclamo de diferentes sectores de la sociedad sobre el tema de las medicinas, sobre la calidad de los servicios médicos, sobre las instalaciones, y nuestro supuesto “sistema de salud universal” en realidad solamente se limita para quienes son derechohabientes, y como ya sabemos los derechohabientes son aquellas personas que pagan sus cuotas de seguro social y esto es menos del 20 por ciento de la población del país. Justo esta problemática es la que afecta a los hogares mexicanos de manera directa y de manera desigual.
Usando los últimos datos disponibles de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del 2018 y del 2020, podemos calcular que, en promedio los hogares incrementaron sus gastos trimestrales en salud un 21.7 por ciento del 2018 al 2021; sin embargo, si analizamos este incremento de ingresos y gastos de los hogares por decil, hay una disparidad significativamente grande en el incremento de gastos por servicios de salud. En el decil 1, se encuentran los hogares con un ingreso trimestral promedio de $9,938 pesos en el 2020, estos hogares incrementaron su gasto en salud un 45 por ciento respecto al 2018, mientras que los hogares en el decil 10, con un ingreso promedio trimestral de $163,281 pesos registraron un incremento en gastos por servicios de salud solamente del 15 por ciento.
Reconozco que estos datos están en pesos corrientes de cada año, pero la inflación acumulada en este periodo de dos años apenas fue ligeramente mayor al 7 por ciento. Por lo que podemos concluir que los hogares tuvieron que pagar más dinero en términos reales en gastos de salud, principalmente como consecuencia de la pandemia. Como mencioné previamente, el incremento en los hogares en el gasto corriente trimestral promedio por servicios de salud fue del 21.7 por ciento del 2018 al 2021, pero el incremento en el ingreso promedio trimestral de los hogares en este mismo periodo de tiempo fue a penas del 0.90 por ciento, si le quitamos el efecto inflacionario del 7 por ciento en ese periodo de dos años, claramente vemos que los hogares no tuvieron un incremento real en sus ingresos, pero si en sus gastos.
Aún no tenemos datos del 2021 como para poder analizar si estos incrementos en los gastos por servicios de salud por parte de los hogares se redujeron después de la pandemia, pero lo que nos queda claro es que el gasto federalizado en todos los renglones de salud es evidentemente insuficiente para cubrir las necesidades básicas de los hogares mexicanos.
La salud, la educación y la seguridad son tres servicios y responsabilidades fundamentales del Estado; desafortunadamente en estos tres temas tenemos gran cantidad de carencias, y a pesar de que la administración de López Obrador ha incrementado y redistribuido el gasto social en programas “insignia”, no hemos visto que la educación mejore su calidad, tampoco que los servicios de salud sean mejores y tengan mayor cobertura, y mucho menos hemos visto que la seguridad se mejore en nuestras ciudades.
