El último regate de Sánchez
No hay paliativo posible. No hay lugares a los que agarrarse para intentar disimular lo indisimulable: la derrota inapelable de la gestión política más sectaria desde la Transición, el fracaso de un político nefasto que un día decidió echarse en manos del populismo radical de izquierdas y de los enemigos de España para mantenerse en el poder. Desde la ceguera a la que suele conducir la arrogancia, Pedro Sánchez despreció la inteligencia de los ciudadanos, pensó que ni las indignantes cesiones a los independentistas catalanes o el infame blanqueamiento de Bildu iban a pasarle factura ...
