Fallece la actriz sevillana Rocío Borrallo a los 42 años por un fallo cardiaco
La comunidad andaluza del teatro y el cine despedía este miércoles a una compañera, la sevillana Rocío Borrallo, todavía bajo la conmoción de su fallecimiento a los 42 años a consecuencia de un fallo cardíaco. La actriz y modelo, que había trabajado en montajes teatrales como Tomar partido, series como La peste o películas como El mundo es suyo, fue hallada sin vida en su domicilio, después de una trayectoria profesional marcada por su profundo amor a la escena, aunque sus esfuerzos no siempre tuvieron la recompensa deseada.
Su compañero de tablas Sebastián Haro, que compartió reparto con ella en Tomar partido, escribía en su cuenta de Facebook: "Esto es una putada, una compañera tan especial, tan luchadora, tan buena, tan joven... no puede irse así, de sopetón", y añadía a renglón seguido: "Hoy estoy muy triste, la profesión en Sevilla está triste".
Una reacción similar a la de la Academia de las Artes Escénicas en Andalucía, que en nombre de sus asociados lamentaba en Twitter "profundamente la muerte de Rocío Borrallo. Nuestro cariño y respeto a su familia y amigos. Rocío Borrallo será recordada por su sonrisa y sus abrazos sinceros".
Tras darse a conocer con el corto El Descenso de Antonio Aparicio Ferrer, Borrallo había logrado una gran oportunidad integrando el elenco de la serie Padre Medina, y más tarde con El vuelo del tren y La ignorancia de la sangre. En los últimos años, había obtenido papeles en producciones de éxito como El mundo es suyo o la serie La peste.
En palabras de Alfonso Sánchez, que la dirigió en El mundo es suyo, “con Rocío habíamos compartido cursos y formación, y mucho ambiente teatral en Sevilla. La recuerdo como una chica entusiasta, enamorada del teatro, con mucha ilusión y muy buena disposición para el teatro. Y como director, siempre la tuve como una buena compañera y una actriz fantástica”, dice.
Por su parte, Pedro Álvarez-Ossorio, su director en Tomar partido, con la compañía La Fundición, admite que tuvo algún encontronazo con ella, aunque asegura que todo quedó solventado y Borrallo acabó bordando su trabajo. Para este veterano hombre de teatro sevillano, se trataba de una personalidad que ponía de manifiesto en escena una vida problemática. “Venía de relaciones convulsas con otra gente, y eso le hacía ser una mujer vulnerable y en cierto modo conflictiva”.
“Tengo un recuerdo agridulce, porque no me lo puso fácil en aquella obra, tal vez porque que le costaba empatizar, o se encerraba en sí misma. Y, por otra parte, hizo maravillosamente su personaje, el único que estaba todo el tiempo en escena en la obra de Ronald Harwood”, prosigue Álvarez-Ossorio.
Para el director, “muchas veces los actores tienen elementos de conflicto que, bien utilizados, les pueden ayudar mucho en su trabajo. Pero al mismo tiempo, Rocío tenía una vida azarosa y difícil, siempre a la búsqueda de trabajo. Se ganó la vida trabajando en bares, en tiendas, vino a verme en varias ocasiones pero yo no tenía un papel para ella. Y aún así, tenía claro que su búsqueda personal, su camino, era el teatro”.
“Rocío es un ejemplo de las dificultades que tienen los actores para seguir en esta vida, y no sé si todo esto debilitó su corazón”, apostilla Álvarez-Ossorio. “Pero me parece que su caso puede servir para que la gente tome conciencia de que trabajar en esas condiciones es muy complicado, y más para alguien de la vocación y entrega de Rocío”.
