La ministra del Interior británica, contra las cuerdas por violar supuestamente los códigos de buena conducta
El asunto empezó el pasado verano, cuando aún no era responsable de Interior y ocupaba el cargo de fiscal general. Braverman, represente del núcleo duro del Partido Conservador, fue pillada excediendo los límites de velocidad con su vehículo en las afueras de Londres, tras lo que fue sancionada.
Para librarse de la multa económica y evitar que le quitaran puntos a su licencia de conducir, la ministra optó por acudir al citado curso para infractores de tráfico. Sin embargo, en lugar de asistir de manera presencial o seguirlo online -permitiendo que los otros participantes vieran su rostro y conocieran su identidad- solicitó a los organizadores que gestionaran uno individualizado, solo para ella, citando cuestiones de seguridad, a lo que se negaron.
Cuando le denegaron esa posibilidad, la ministra recurrió a un ayudante político que, a su vez, intentó persuadirles para que habilitaran el cursillo privado. Al denegarle sus peticiones, la política "tory", abogada de formación, optó por renunciar a tres puntos de su licencia y abonar la sanción económica correspondiente.
No es la primera polémica protagonizada por Braverman, a la que no pocas veces han acusado de querer posicionarse como próximo líder a costa de contradecir incluso en público al primer ministro, Rishi Sunak.
El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, pidió ayer "una investigación completa" respecto al último incidente. "La consecuencia habitual de quebrar el código ministerial es que te tengas que marchar", recordó.
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