De tanto en tanto sucede que al Real Madrid se le ocurre no ganar la Copa de Europa y entonces se desata un holocausto caníbal contra el equipo merengue consistente en el desmembramiento y posterior cocción a fuego lento de presidente, entrenador y jugadores, como si nada valiera, como si todo fuera una ruina y como si hubiera que juzgar a la institución desde los hermanos Padrós para acá. Y el caso es que el fútbol es tan fantástico que los madridistas quedamos de repente expuestos al descarnado examen de aficionados de otros equipos cuyo único contacto con la máxima competición continental de clubes a lo largo de toda su existencia será visual y, por supuesto, previo pago del billete...
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