La cuenta atrás para Zelda: TOTK - Ocarina of Time (1998)
Ya queda muy poco para disfrutar de
Cuando se habla de los mejores videojuegos de la historia, un nombre que siempre aparece en la conversación es
Un juego adelantado a su tiempo y con una ambición desmedida que no solo triunfó en su objetivo de trasladar a la tercera dimensión la fórmula del legendario
Al igual que en el clásico de SNES, el título nos proponía explorar Hyrule ayudando a sus habitantes, descubriendo secretos, participando en minijuegos y, por supuesto, adentrándonos en peligrosas mazmorras repletas de puzles, enemigos y tesoros. Sin embargo, todo esto fue llevado varios pasos más allá.
Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que al inicio de la aventura empezábamos controlando a Link cuando era tan solo un niño, aunque al avanzar en la trama principal acabábamos convirtiéndonos en un adulto. Según la edad que tuviésemos, podíamos usar unos objetos u otros, así como tener acceso a ciertos sitios, algo a lo que se le sacaba muchísimo partido en el momento en el que descubríamos que podíamos viajar entre el presente y el pasado para explorar dos épocas muy diferentes de la historia de Hyrule.
Esto dio como resultado un juego con un diseño espectacular que era, en sí mismo, un rompecabezas gigante en el que, a veces, para encontrar la solución, debíamos viajar siete años atrás para hacer algo que afectase al oscuro presente de la versión adulta de Link o conseguir algo que de otro modo nunca hubiésemos podido obtener.
Además, existía un ciclo de día y noche que afectaba a los eventos que podían suceder (por ejemplo, la mayoría de tiendas cerraban por la noche, aunque alguna que otra solo abría tras la puesta del sol) y podíamos aprender canciones con nuestra ocarina que tenían diversos efectos, algo que resultaba clave en la resolución de muchos puzles.
A esto hay que sumarle unas mazmorras absolutamente increíbles que aprovechaban las nuevas posibilidades que ofrecía la tercera dimensión para crear rompecabezas y mecánicas que no habrían sido posibles de otro modo, obligándonos a inspeccionar nuestro entorno con detenimiento (se introdujo una cámara en primera persona para permitirnos hacer esto y disparar con ciertas armas, como el arco o el tirachinas) para encontrar la forma de avanzar.
Hablando de jugabilidad 3D, no podemos olvidarnos de mencionar que este fue el primer juego que implementó un buen sistema de fijado de enemigos, algo que a día de hoy puede parecernos imprescindible, pero que por aquel entonces a nadie se le había ocurrido. Con esto, se solucionó de golpe y porrazo uno de los mayores problemas a los que se estaban enfrentando los primeros juegos 3D de la historia, los cuales no conseguían terminar de ofrecer un sistema de combate tridimensional que fuese satisfactorio y no sufriera imprecisiones varias.
También fue muy destacable el uso del botón de acción contextual, el cual nos permitía hacer unas cosas u otras según lo que tuviésemos delante. De este modo, si estábamos frente a un jarrón, lo agarraríamos, mientras que si hacíamos lo propio con un cartel, lo examinaríamos. Por supuesto, al usarlo delante de una persona hablaríamos con ella. De manera similar, el salto se resolvió haciéndolo automático para que Link saltara al correr contra el borde de una plataforma.
Sumadle a todo lo comentado una historia muy resultona y con momentos muy épicos, unos gráficos como no se habían visto hasta la fecha, una banda sonora inolvidable, montones de actividades secundarias y secretos interesantes, un nivel de detalle enfermizo, buenos jefes, una duración perfecta y una dirección de arte maravillosa, y empezaréis a entender los motivos por los que muchos lo consideramos como el mejor videojuego de la historia.
Como curiosidades adicionales, no podemos olvidarnos de mencionar que en Nintendo 64DD recibió una edición especial llamada Master Quest (en España solo la pudimos catar por primera vez con el disco extra de la edición limitada de
Resumiendo, Ocarina of Time es una de esas pocas obras maestras a las que no nos vemos capaces de hacer justicia tan solo con palabras, ya que es imposible transmitir mediante un texto todo lo que nos hizo sentir cuando lo jugamos por primera vez en nuestra Nintendo 64 hace 25 años. Sí, es tan bueno que ha trascendido el tiempo y sigue siendo a día de una una aventura increíblemente divertida y fascinante como ella sola, pero no hay nada que pueda replicar la experiencia de vivir en primera persona ese momento en el que la industria del videojuego cambió para siempre con un simple cartucho de 256 Mb. Y por ello y por muchas cosas más que nos darían para escribir infinidad de párrafos, Ocarina of Time siempre será una de las mayores y mejores leyendas de un hobby que ayudó a elevar a la categoría de arte.
A continuación podéis consultar los anteriores artículos de nuestra cuenta atrás hasta Tears of the Kingdom:
- The Legend of Zelda: Link's Awakening (2019)
- The Legend of Zelda: Breath of the Wild (2017)
- The Legend of Zelda: A Link Between Worlds (2013)
- The Legend of Zelda: Skyward Sword (2011)
- The Legend of Zelda: Spirit Tracks (2009)
- The Legend of Zelda: Phantom Hourglass (2007)
- The Legend of Zelda: Twilight Princess (2006)
- The Legend of Zelda: The Minish Cap (2004)
- The Legend of Zelda: The Wind Waker (2003)
- The Legend of Zelda: Oracle of Seasons/Ages (2001)
- The Legend of Zelda: Majora's Mask (2000)
