La Real no tiene a
Nerón Claudio Augusto Germánico, el emperador romano que hizo arder Roma en el año 64 d.c., pero sí a su propio césar,
David Silva, para provocar el incendio de la capital italiana acompañado de otros 10 gladiadores el coliseo del Estadio Olímpico. La intención del mandamás del imperio era construir su gran palacio, el Domus Aurea, y culpó a los cristianos del desastre. El único propósito de la Real es encarrilar esta eliminatoria de octavos de final de la Europa League y seguir alimentando el sueño de jugar la final de Budapest del 31 de mayo. Y, al mismo tiempo, extender su imperio futbolístico y su filosofía única por todo el continente. Día grande, día histórico, día inolvidable, ante cerca de 2.000 ‘realzales’ sedientos de gloria.
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