Las retransmisiones de fútbol en
Movistar+ han sufrido cambios significativos, más allá de que la dualidad de plataformas en emitirlo provoca una falta de uniformidad de los contenidos. La incomprensible decisión de Movistar+ de dejar la producción en manos de La Liga ha determinado una de las innovaciones más extrañas y molestas a nivel televisivo: abrir una ventana en el extremo inferior de la pantalla para mostrarnos como los narradores cantan los goles. En el momento del clímax futbolístico, el instante de la gloria máxima del jugador, cuando el que ejecuta el tanto se convierte en protagonista, la televisión traslada el esplendor mediático al narrador. A pesar de que el abecé del periodismo exige que el periodista no sea el protagonista, La Liga ha considerado todo lo contrario. Y además, en el momento más inoportuno. Desvían la mirada del espectador, lo apartan de la celebración del gol y del terreno de juego para obligarle a fijarse en un señor gritando al micrófono. La ocurrencia es una chapuza que busca más la filigrana visual que la lógica narrativa. No aporta absolutamente nada al relato deportivo. Incluso emocionalmente es molesto. En plena euforia te distancian del juego. Un gatillazo televisivo. Como si en el momento del orgasmo te recuerdan que hay que ir a comprar pan.
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