La duda del $1 millón
La ingeniera civil Francini Chinchilla Torres es —por dicha— una funcionaria incómoda. Tan así, que los implicados en el escándalo de corrupción conocido como caso Cochinilla la aludían en sus conversaciones telefónicas con los peores calificativos, pues les descubrió las fallas en la construcción del paso a desnivel en las Garantías Sociales.
La mejor descripción que hacen de “la vieja esa” —como le decían— es que se fija en todo, al punto que pasaba la mano sobre las estructuras para detectar imperfecciones que procuraban ocultarle.
Sin duda, es un mérito para Chinchilla que los sospechosos del caso Cochinilla la descalificaran con insultos. Por eso, ahora resulta extraño lo que ocurrió con ella después de advertir de que la carretera de Paquera hacia playa Naranjo fue entregada por la constructora española Azvi con “defectos que son a todas luces evidentes”.
Esa razón la llevó a recomendar que —mientras no fueran resueltos los problemas en la vía de $27,5 millones— no se le reintegre a la empresa $1 millón, la mayoría de los cuales son garantía de cumplimiento.
Pero lo más insólito es que el 12 de agosto, dos días después de que La Nación dio a conocer la noticia del pago a Azvi, el ministro de Obras Públicas, Luis Amador, la removiera del cargo de directora de la Unidad Asesora del Comité de Administración y Supervisión del Programa de Infraestructura del Transporte.
Amador niega que sea una represalia. Su argumento, de que detectó “triplicidad de funciones”, es débil cuando se analiza la cadena de hechos. Esta es su versión, muy respetable, pero cuestionable, porque él mismo la designó dos meses antes.
Lo lamentable es que en esta remoción hay un mensaje tácito para todo funcionario que se atreva a cuestionar una decisión que podría estar equivocada. Resulta incomprensible, además, que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes se queje de que no hay dinero para tapar huecos, pero sí para devolver $1 millón contra el criterio de los técnicos. Es contradictorio.
Chinchilla podrá ser descrita como una canalla por sus cuestionamientos (bienvenida al club), pero lo cierto es que el pago del $1 millón contra la opinión de especialistas despierta dudas.
