Milicia patricia
“El militarismo ha sido, de lejos, la causa más común del colapso de las sociedades. El simple arte de la guerra progresa acabando con todas las artes de la paz”. Arnold Toynbee
Hace un par de años, cuando avanzó la militarización de la seguridad pública en México, su columnista era optimista. “Esto implica que la seguridad pública va a conectarse a los presupuestos estables y vastos de la milicia”, explicaba a sus amigos más conscientes de los peligros de seguir esa ruta. Creo que ellos tenían razón. La militarización del gobierno y la sociedad no ayudará a construir un México más libre, más próspero, más competitivo.
En 1983, hace casi ya 40 años, Conway Henderson publicó un artículo en Human Rights Quarterly sobre los derechos civiles y políticos en los regímenes militares y mixtos. Este análisis tendría que repetirse hoy. En la primera mitad del S. XX, la literatura académica sobre el tema veía con agrado el que un grupo de profesionales militares tomaran el control de gobiernos corruptos e ineficientes. Refiere Conway que los académicos de los años 60 y 70 cuestionaron seriamente esa manera de pensar.
Conway logró una comprobación estadísticamente débil, pero digna de mención, de 5 hipótesis. La primera, que los regímenes tendrán un mejor desempeño en términos de libertades civiles y políticas que los gobiernos civiles. Su conclusión, es que esta hipótesis es falsa, que es al revés. Una segunda hipótesis es que los tres tipos de régimen – militar, parcialmente militar y civil) tienen mayor respeto por las libertades civiles que por los derechos políticos. La evidencia indicaba que esta hipótesis era cierta. Tiene lógica: la milicia genera cierta empatía con la población civil, pero no con sus potenciales opositores. La tercera: Conway prueba que la presencia de regímenes militares es independiente del nivel socioeconómico del país. Cuarta: Los gobiernos militares en países pobres no son más progresivos en términos de derechos que los militares que gobiernan en países relativamente ricos.
La quinta hipótesis: el nivel socioeconómico de un país y su nivel de militarización, son dos variables que explican de manera separada los derechos civiles y políticos en un país. Juntas, estas variables tendrían un poder explicativo mucho mayor. Esta última hipótesis resultó ser falsa. Es decir, la premisa de “el pueblo trabajando en armonía con el ejército, que es pueblo en uniforme” es incorrecta.
Las ventajas que ofrece la disciplina militar para la organización del combate son todas desventajas para los derechos civiles y políticos. El abuso psicológico con el que se dobla la voluntad de la tropa es contrario a lo necesario para una sociedad libre.
Si el ejército se hace cargo de la seguridad pública del municipio, igual y le quitan un problema al presidente municipal, pero eso hará que destine menos recursos a ese fin. También nos niega el derecho a la participación democrática en el desarrollo. Nuestro incentivo para ser regidor de seguridad en el cabildo, o para estudiar ciencias forenses, o para buscar un empleo de largo plazo como policía, será menor.
El ejército en la última mitad del S. XX era un cuerpo de protección civil entrenado y profesional. Ese ejército tuvo que hacerse cargo de lidiar con las mafias de tráfico de estupefacientes, ya que estas obtuvieron poder de fuego por encima del que podían tener los policías. Se encontraron con que los delincuentes hacen todo lo posible porque la autoridad judicial no pueda integrar un expediente en su contra. Entonces pensaron que los jueces son enemigos que hay que vencer, cuando estos liberaban delincuentes por falta de pruebas.
Después, la milicia aparecía preocupada porque el Estado no los cuidara cuando había procesos en contra de ellos por abusos en contra de civiles. La solución de la presente administración: dar contratos a los soldados. Convertir a generales en patricios. Si no podemos garantizar justicia y derecho para nadie, les damos dinero y poder, con tal de que continúen con el trabajo sucio.
Si analizamos el poder de la milicia en países como Israel, Egipto, o Estados Unidos, nos daremos cuenta de que ese es un camino por el que no hay que seguir. Ojalá la legislatura sea responsable, y no entreguemos el gobierno a la milicia. Nos quejamos de la CFE con Bartlett, de la CRE y la CNH bajo Nahle. Nos horroriza la idea del INE en manos de Sánchez y López. Ahora imagínese usted todas las instituciones en manos de los que no negocian, pero sí imponen por la fuerza.
