Angel Maass: Pérdidas esperadas en torno a una pandemia… ¿digital?
Estimado lector, le comento que el título de esta columna no esta relacionado con las irreparables pérdidas humanas que quizá desafortunadamente sigan en aumento ante el Covid-19. Para aquellos con un conocimiento más técnico sobre finanzas, tampoco tiene que ver con la expectativa de pérdidas económicas ante probables casos de cuentas incobrables. Más bien la intención es hacer énfasis en la brecha digital que podría exacerbarse en nuestro país.
Al respecto, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) manifestó que, al tercer trimestre de 2020, la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria se ubicó en 44.5 por ciento versus 38.5 por ciento respecto al mismo período del año previo. Por su parte, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) indicó que con base al censo 2020, en México existen 126 millones de habitantes. También refirió que sólo 52 por ciento de las viviendas tienen internet y 38 por ciento cuentan con una computadora o tableta. No obstante, en su estadística sobre la condición de disponibilidad de las tecnologías de la información y la comunicación en los hogares de 2019, expresó que 75 por ciento de la población de seis años o más de edad son usuarios de un teléfono celular.
No pretendo generar un debate, pero las estadísticas anteriores podrían ser incongruentes. ¿Acaso el uso de estos dispositivos se ha vuelto más prioritario que una canasta básica de alimentos? Más allá que la tecnología se ha vuelto más accesible, ¿será que hemos cambiado la jerarquía de las necesidades humanas? Para muchos es bien conocido que los avances de la ciencia no tienen límites. Sin embargo, habrá que hacer conciencia sobre cómo y para qué la estamos utilizando. En este contexto, la carencia de habilidades digitales podría agravar la disrupción social causada por la brecha digital y la desigualdad tecnológica.
Ante el confinamiento por la pandemia, ¿cuántos de nosotros hemos realizado compras del supermercado de forma virtual para mitigar el riesgo de contagio? No obstante, cabe destacar que no en todas las ubicaciones cuentan con este servicio. Otro ejemplo típico sobre digitalización han sido los servicios bancarios a través de las aplicaciones móviles. Sin embargo, todavía es muy común observar gente haciendo largas filas en las sucursales. Entiendo que existen personas que sienten placer al realizar compras de forma física o virtual, pero todavía no conozco a alguien que le agrade hacer fila para realizar una transacción bancaria. Ante este par de anécdotas, ¿estaremos enfrentando una cuestión generacional, o bien un hecho de usos y costumbres?.
A raíz de la problemática de caída de ingresos por la falta de dinamismo en la actividad económica, algunos modelos de negocio han tenido que adecuarse. Lo anterior, como una medida para contrarrestar este efecto. Retomando el ejemplo de los bancos, no es raro percatarse del cierre de algunas sucursales.
Datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) indican que a noviembre del año pasado se clausuraron 705 oficinas a nivel nacional, cifra que representa un retroceso de 5.5 por ciento respecto al cierre de 2019. En el caso de Nuevo León se retiraron 75, mientras que en Coahuila y Tamaulipas se eliminaron 26 y 43, respectivamente. Con base a la última información disponible, estas tres entidades federativas en conjunto poseen mil 493 sucursales bancarias, equivalente a 12.3 por ciento de las existentes en el país. En tanto, su población concentra 9.9 por ciento a nivel nacional.
Como conclusión, no permitamos que la transformación digital que vivimos continúe ampliando la brecha social y económica. Recordemos que México es muchos Méxicos y que enfrentamos el desafío de evitar una pandemia digital. Al respecto, los exhorto a que juntos coadyuvemos a que todas las personas digitalmente vulnerables desarrollen sus capacidades en el uso de tecnología. Desafortunadamente, el COVID19 ha causado estragos económicos, incluyendo el cierre definitivo o temporal de museos interactivos que fomentan de manera lúdica la ciencia y la tecnología.
El autor es economista con máster en finanzas y administración, ambos grados por EGADE. Actualmente es Director de Estudios Económicos de Grupo Unicco, aunque las opiniones aquí plasmadas no necesariamente coinciden con la entidad en la que labora.
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
